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LOS RESULTADOS. ESO ERA LO QUE yo me decía cada vez que leía alguna crítica al gobierno Uribe.
Sí, de acuerdo, tal problema es grave, o tal medida no fue acertada, pero no perdamos de vista los resultados, me decía, porque no era que éstos fueran buenos. Eran espectaculares. Y más todavía: hacía poco, semejantes resultados parecían imposibles. Así lo pensé durante casi ocho años.
Por ejemplo, visto desde la orilla del año 2002: ¿desmovilizar a todos los grupos paramilitares en cuestión de pocos años? Imposible. ¿Arrinconar a las Farc, atenuar su capacidad ofensiva y debilitar su poderío económico? Imposible. ¿Reactivar la economía, hacer del país un mercado atractivo para la inversión extranjera, controlar la inflación y crecer a tasas ejemplares? Imposible. ¿Reducir el número de secuestros, asaltos a poblaciones, masacres y asesinatos en porcentajes increíbles? Imposible. Sin embargo, Uribe logró todo eso. Y no sería justo ignorarlo.
Por ese motivo, los tropiezos del Gobierno eran matizados en mi interior. No me parecían tan graves. Y así fue hasta los mal llamados falsos positivos. Se había creado un sistema de premiación en las Fuerzas Armadas basado en un criterio bárbaro: el número de muertos. Y si no los había en el campo de batalla, entonces se podían fabricar asesinando a gente humilde y haciéndola pasar por guerrilleros muertos en combate. Así murieron miles de inocentes en un escándalo de dimensiones colosales. Pero la reacción del Gobierno no reflejó una indignación proporcional a semejante horror.
A ese escándalo se sumó Agroingreso. Las chuzadas. La yidispolítica. La reelección. La torpeza en el manejo de las relaciones internacionales. Seguimientos a magistrados. El DAS convertido en un muladar de hampones. Nombramientos en cargos públicos incomprensibles. La insensata ambición de un TERCER período. El desgaste que eso implicó a nivel nacional. Las fricciones con la Rama Judicial. Etc.
En efecto, al cabo de ocho años los éxitos del Gobierno, como una moneda, también tienen otra cara. Se desmovilizaron los paras, pero como señaló Eduardo Pizarro, ahora hay tres tipos de grupos criminales que buscan ocupar su lugar. Decir que este gobierno es el más corrupto de nuestra historia es una necedad que desconoce los hechos, como lo demostró José Manuel Acevedo. Pero los casos de corrupción sí son enormes. A nivel macro la economía mejoró (los dos períodos de Uribe vieron la mayor prosperidad económica en medio siglo), pero eso aún no ha beneficiado a la gente en la calle. La tasa de desempleo es la más alta del continente. La infraestructura del país sigue en déficit. En Medellín la guerra en las comunas está que arde. La mitad de los sindicalistas asesinados en el mundo ocurre en Colombia. Y tanto alarde en materia de seguridad cuando aún tenemos casi 30 mil muertes violentas al año. Tanto alarde con la inversión extranjera, pero la mitad del país sigue siendo pobre y más de la mitad de la fuerza laboral subsiste en la informalidad. Tanto alarde con la pacificación del país, y según el IGP otra vez somos el país más violento de América Latina.
Sí, hay resultados increíbles. Y sería injusto ignorarlos. Pero también hay resultados desastrosos. Y tampoco se pueden desconocer.
