Estamos todos a punto de vivir en un mundo que no hemos elegido. Un mundo por el cual nadie ha votado. Nos lo están imponiendo a la fuerza, sin ni siquiera consultar nuestra opinión. Y lo peor es que se trata de un puñado de individuos; unas cuantas personas que nadie nombró o escogió, ni son representantes de ninguna comunidad o sociedad.
Por eso ha llegado la hora de rebelarnos.
Son unos pocos multimillonarios que sólo piensan en sus bolsillos. Y están tan obsesionados con saber si pueden crear una superinteligencia artificial, que no se han preguntado si deberían hacerlo. Ni le han preguntado al resto de los mortales qué piensan al respecto. Entre tanto, las secuelas de sus actos serán trascendentales, al punto de que ningún otro invento del pasado se puede comparar con el potencial de este para cambiar el mundo. Porque por primera vez la humanidad puede desaparecer o quedar relegada a la irrelevancia.
Estos billonarios están ejerciendo un poder desmesurado en el planeta. Con sus fortunas colosales han acumulado un control económico jamás visto en la historia, y un control político igual de grande. En Estados Unidos, 300 mega ricos financiaron el 19 % de la contienda presidencial de 2024. Son 300 individuos con la capacidad de moldear el destino de una nación. Esto es inadmisible.
Nos están sometiendo a elevados costos eléctricos y se están llevando el agua disponible a sus centros de datos colosales. Están construyendo uno que es el doble de grande que Manhattan. Hacen un ruido infernal y envenenan nuestros ríos. Y están haciendo todo esto en total impunidad. No hay regulación seria en la industria de la IA, y la clase política está a años luz de establecer leyes o muros de contención serios y eficaces.
Los titanes de la industria de la Inteligencia Artificial no se sonrojan al comunicar sus mensajes contradictorios. Dicen que el avance de esta ciencia es inevitable y que deben desarrollarla lo más rápido posible, antes de que la carrera la ganen rivales como China. Dicen que la tecnología va a cambiar el planeta para bien. Y dicen que la IA va a eliminar la mitad de los empleos actuales en el mundo.
De un lado, nada de esto es inevitable y depende de las decisiones que tomemos ahora. De otro, la IA también puede cambiar el mundo para mal. Por último, esta ciencia producirá alteraciones sociales de una magnitud insospechada, y la cantidad de gente que quedará desempleada será legión. ¿Acaso eso es bueno? Ante semejante panorama, ¿debemos simplemente aceptar esta realidad y resignarnos a ser testigos pasivos ante una transformación social impredecible e inusitada?
No. Hay mucho que aún podemos hacer. Empezando con acudir a la mayor herramienta que la humanidad ha inventado a la fecha, porque empodera a cada ciudadano: el voto. Podemos votar por políticos comprometidos en introducir regulaciones sensatas y perentorias a esta tecnología. La IA del futuro depende de lo que hagamos hoy. Y no podemos permitir que unos billonarios sin compasión decidan el rumbo de la especie y hasta su posible destrucción.
En fin, frente a todas las protestas del pasado, esta es más importante. Porque en otras lo que estaba en juego era una sola causa o el destino de un pueblo. Aquí lo está en juego es el destino de la humanidad. Por eso insisto: llegó la hora de rebelarnos.