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No voté por Gustavo Petro, pero siempre quise que tuviera éxito. Primero, porque creo que toda democracia necesita una buena izquierda. Y segundo, porque el país requería con urgencia un gran gobierno. Por eso, en mi fuero interno, mantuve la esperanza de que, tarde o temprano, el jefe de Estado corrigiera rumbos y acertara. Francamente, me cansé de esperar.

Me cansé de los delirios de grandeza, las ínfulas de un político que se cree un líder cósmico pero que nadie en el resto del mundo toma en serio. Y a raíz de su vanidad y su deseo de figurar como defensor ambientalista, acabó con la producción de gas y petróleo nacional y...

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