A veces se aprende por errores propios. Y a veces por errores de otros. Pero tarde o temprano siempre se aprende. Y en estos días hemos aprendido una lección invaluable: cómo no deben actuar los líderes de una nación.
Por eso me temo que los creyentes en la democracia colombiana tendremos que hacerle oposición al gobierno durante estos cuatro años. Y también oposición a la oposición.
¿La razón? Si así van a actuar Petro y Cepeda, nos podemos despedir desde ahora de cualquier posibilidad de una oposición seria o constructiva. Porque ya se vislumbra algo que ofende en su desfachatez: que el petrismo empiece a pontificar sobre cómo se debe gobernar.
Tendremos, sin duda, lecciones múltiples y sabias en todas las cosas que no se hicieron durante este cuatrienio. Nos dirán, en tono severo y solemne, cómo se debe combatir la corrupción. Y cómo evitar que la familia del presidente y sus asesores más cercanos violen las normas. Y cómo manejar el orden público, mientras se negocia con grupos insurgentes y se hace respetar a las Fuerzas Armadas. Nos instruirán, sin pestañear, en manejar las finanzas del Estado sin llevar a la crisis fiscal. Y otras cosas también tipo administrar Ecopetrol, desarrollar nuestras fuentes de energía, reformar la salud y nombrar personas idóneas, llenas de experiencia, para ocupar los altos cargos de la nación.
Para todo eso, convendrá olvidar la corrupción en la UNGRD, la inexperiencia de Laura Sarabia en sus muchos puestos, la destrucción del sistema de salud en manos de sus ministros, la ignorancia de Irene Vélez en la cartera de Minas, la omnipresencia de Armando Benedetti en el gobierno, que ha sido una larga e injustificable vergüenza, y mucho, mucho más.
Ante eso sólo puedo pedir, casi de rodillas, un favor: no sean tan descarados. ¿De veras nos darán cátedra sobre todos los temas en los que Gustavo Petro fracasó de manera estruendosa? El presidente ha dicho que termina su mandato lleno de orgullo, el pecho inflado por el deber cumplido, y por haber concluido “uno de los mejores gobiernos de la historia de Colombia”. Nuestros presidentes a veces descubren, demasiado tarde, su verdadera vocación. Porque así como Iván Duque descubrió su vocación de DJ, por lo visto Petro ha descubierto su talento de cómico profesional. Porque no es posible, simplemente no es posible que el presidente diga en serio que su gobierno ha sido uno de los mejores de nuestra historia.
Por su lado, el gobierno entrante de Abelardo también genera incertidumbre. Con Carlos Alonso Lucio de faro moral (ese chiste se cuenta solo) diciendo quién debe ser perseguido por la justicia y quién es un aliado de Dios. Habrá que darle un compás de espera a De la Espriella para ver cómo lo hace, y seré de los primeros en aplaudir sus aciertos y criticar sus errores. Por ahora sólo puedo decir que su gabinete parece salido de la Colombia conservadora de los años 50, aunque ni siquiera en esos tiempos de líderes reaccionarios hubo uno que cometiera la ridiculez de comparar el equipo de trabajo con el Arca de Noé.
En fin, esto es lo que nos espera. Una oposición sin autoridad moral dictando cátedra sobre cómo gobernar, y un Estado laico manejado por un gobierno de retórica religiosa que habría hecho sonrojar a Laureano Gómez.
Difícil ser optimista en semejante contexto.