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Por qué voto en blanco, otra vez

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Juan Carlos Botero
19 de junio de 2026 - 05:05 a. m.
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El destino de un país lo decide una mayoría de votantes. Y si estos rechazan las mejores opciones, las más íntegras y profesionales, y optan por los extremos más dañinos y peligrosos, no podemos callar y aceptar como borregos la voluntad popular. Porque es colaborar en un error histórico.

¿Cuál fue la mayor enseñanza del 2022? Que votar por los dos candidatos escogidos por la mayoría había sido errado, y los hechos posteriores lo demostraron. En esos comicios quedaron dos opciones igual de malas: Gustavo Petro y Rodolfo Hernández. Votar por Petro fue un error, y la prueba es el desastre de su gobierno. Y votar por Hernández también lo fue, ya que luego él fue investigado y condenado por corrupto. Votar por uno u otro era participar en una equivocación de tamaño colosal.

Hoy pasa algo similar. En toda elección hay que poner ciertas cosas de lado para votar por un candidato, ya que ninguno es perfecto. Pero para votar por Abelardo hay que poner demasiadas cosas de lado. Cosas necesarias en términos morales, éticos y básicos de decencia. Y dada su soberbia, inexperiencia de gobierno, tendencia fascista y retórica llena de amenazas, él constituye un azaroso salto al vacío. Y votar por Cepeda es prolongar el petrismo, apoyar una ideología estatista y obsoleta, y propiciar el fin de la democracia.

Hace cuatro años voté en blanco. Ahora lo haré de nuevo. Porque cuando la mayoría, en mi opinión, se equivoca, uno no lo puede secundar. Lo debe rechazar. Y no por egoísmo. Por patriotismo.

El país tuvo la oportunidad de escoger entre excelentes candidatos. Personas con vocación de servicio, liberales y demócratas, honestas y profesionales, expertas en economía y política, y con propuestas serias para conducir al país hacia un mejor futuro. Pero, nuevamente, la mayoría descartó esas figuras y prefirió limitarse a dos opciones igual de indeseables, aunque por razones distintas. Para mí este es, otra vez, un error histórico. Uno que no quiero apoyar con mi voto. Porque, por más que me critiquen, nadie estará conmigo el lunes cuando me tenga que mirar en el espejo. Y no deseo avergonzarme de lo que vea en ese momento.

No acepto el tal realismo y la obligada renuncia a ideales y valores. Ahora no importa la moral, me dicen. Se equivocan. Siempre importa la moral. Criticamos a quienes renuncian a sus principios, y eso me piden en esta encrucijada. Los valores son decorativos en abstracto y sólo valen cuando se ponen a prueba, como ahora.

Y ahora sólo quedan dos opciones, me dicen. No es cierto. Quedan tres, que incluso figuran en el tarjetón. Y la validez de la mía se aprecia en un cuadro: el “3 de mayo de 1808 en Madrid de Goya, también llamado “Los fusilamientos”. Ahí, un solo hombre se abre de brazos ante el pelotón de fusilamiento. ¿Por qué? Porque cuando otros (soldados o votantes) deciden tu realidad, y no hay salvación posible, y todo está perdido, aun en ese momento tan dramático, nos dice Goya, hay espacio para la dignidad, un resquicio para la protesta, para acudir a una de las palabras más cortas y poderosas del idioma: No. Rechazo esa realidad con todas mis fuerzas y me niego a aceptarla. Y así tenga que caer, si la caída es lo único que me queda, prefiero caer protestando. Eso significa mi voto en blanco. Es una protesta. Una manera democrática de decir: No.

@JuanCarBotero

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Mar(60274)Hace 1 hora
Claro, cpmo usted vive en Miami, no le tocaría padecer el desastre y el País sangriento que traería de la espriella. Usted es el menos indicado para sugerir cómo votar.
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