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¿Qué puede pasar de malo?

Juan Carlos Botero

03 de julio de 2026 - 12:05 a. m.

Las pasadas elecciones se pueden resumir así: de la que nos salvamos, y la que nos ganamos. Porque Abelardo no es alguien ético. Y piensen lo siguiente. Cada vez que un lado del mundo político hace algo, legitima que el otro lo haga también. La gente criticó, con razón, el reiterado esfuerzo de Petro de cambiar la Constitución para quedarse en el poder. Pero eso fue lo que hizo Uribe. Si un lado lo hace, valida que el otro lo haga. Y si en el futuro la izquierda postula como candidato a Daniel Quintero o a Armando Benedetti, ¿con qué argumento los objetará la derecha? Ninguno de los tres son personas éticas.

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Hemos visto toda clase de profesiones en aspirantes a la presidencia, desde actores, cómicos, empresarios y astronautas, pero no abogados defensores de criminales. La razón es obvia: es fácil de probar que se beneficiaron con dineros ilegales. Y en el caso de Abelardo, él no sólo se benefició: se enriqueció como pocos, hasta con el dinero que Alex Saab les robó a los niños pobres de Venezuela. Además, él no se limitó a recibir un pago por sus servicios como penalista, sino que se lucró como ningún otro abogado con dineros sucios de narcos y paramilitares. Recibir una remuneración como defensor no es un delito, pero éticamente es otra cosa. Por algo la justicia gringa lo está investigando, como afirman varios congresistas de EE. UU. Y por algo las indagaciones periodísticas muestran los cheques que él recibió de parte de criminales aborrecibles, entre otros de David Murcia, autor de la mayor pirámide del país, y de Alberto Santofimio, corresponsable de asesinato de Luis Carlos Galán.

Y hay más. Recuerden que Abelardo no sólo defendió a estos fulanos ante la justicia, sino que se empeñó en defenderlos ante los medios y la nación, intentando lavarles la cara y borrarles sus pecados, diciendo que eran víctimas y perseguidos políticos. Incluso con Mancuso, uno de los peores paramilitares, Abelardo decía que quería ser como él y que Colombia le debía mucho.

Y éste será nuestro próximo presidente. La que nos ganamos.

Cepeda no se queda atrás. En parte él perdió porque no tuvo el coraje de aceptar debates, y fue incapaz de denunciar un solo acto de corrupción de este gobierno, de miles que hay, a pesar de liderar una altisonante Revolución Ética. Con eso perdió toda credibilidad. Además, las revelaciones del pacto de no agresión entre el gobierno y la comandancia del Clan del Golfo, “jugando a los congelados”, confirma que este proyecto político no se merecía una segunda oportunidad. Para rematar, ahora Cepeda llama a la desobediencia civil, lo cual es peligroso e irresponsable, y cree que con decir que el llamado es “pacífico” se podrá lavar las manos cuando las cosas se salgan de madre. Y se saldrán.

Lo bueno es que Cepeda y Petro ya no seguirán en el poder. De la que nos salvamos.

En fin, entendí el voto avergonzado o resignado por Abelardo, por aquello del mal menor. Pero no el voto entusiasta, el que jura que él será el mesías del país. Su violento lenguaje de destripador es lo último que necesita Colombia. Y lo que representa Iván Cepeda se necesita aún menos.

Casi medio millón de votos en blanco. Lo insólito es que no hubo muchos más. Porque ahora quedamos con Abelardo de presidente y Petro y Cepeda en la oposición. ¿Qué puede pasar de malo?

@JuanCarBotero

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