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‘Too Far’

Juan Carlos Botero

27 de febrero de 2026 - 12:05 a. m.
“Ordenar asesinar civiles en lanchas del Caribe sin el debido proceso es ir too far”: Juan Carlos Botero
Foto: AFP - KENNY HOLSTON
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Hay una expresión en inglés que se usa cuando alguien se ha pasado de raya, cuando se le ha ido la mano y ha cruzado el límite de lo sensato y permitido: too far.

Y si algo sintetiza al gobierno de Donald Trump es eso: que ha ido demasiado lejos en cada aspecto de la vida nacional y de la política internacional. Pero no por error o accidente. Es deliberado, porque excederse es su estrategia política.

Por ejemplo, referirse a su antecesor como “un hijo de puta” o divulgar una imagen de los Obama como simios es ir too far. Que un presidente activo se refiriera a otros de esa manera jamás había ocurrido en la historia moderna del país. En las reuniones de Bush con Obama no se ocultaban las diferencias políticas, pero prevalecía la cortesía, porque ambos sabían que había algo mayor que los sentimientos personales de por medio, y era que el país percibiera respeto entre sus jefes de Estado. Trump acabó con todo eso.

Una cosa es opinar que la política fronteriza de Biden fue un fracaso. Pero inundar las ciudades de tropas de agentes enmascarados y mal entrenados, que asesinan civiles y capturan personas según su aspecto, para encerrarlos en lugares infames sin acceso a un abogado o a su familia, es ir too far.

Una cosa es tratar que las universidades cambien sus políticas de inclusión, pero decidir las materias que van a dictar y castigar instituciones que no acatan órdenes del gobierno, negando recursos de investigación científica para curar enfermedades como el cáncer y el Alzheimer es, sin duda, ir too far.

Una cosa es influir en los mercados internacionales, pero imponer aranceles a mansalva, de manera arbitraria y errática y a países aliados y pobres, tipo Bangladés, que está tratando de sobreaguar como sea, es ir too far.

Una cosa es que Trump, con su mentalidad transaccional, renegocie acuerdos comerciales, pero aceptar sobornos como un gigantesco avión privado, y fondos para financiar su salón de baile y la vergonzosa película de su esposa, y miles de millones para su riqueza personal y familiar mediante negocios de criptomonedas y pagos por acceso presidencial, es, de lejos, ir too far.

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Una cosa es renovar la diplomacia y recortar gastos superfluos. Pero acabar con programas como USAID, dejando que cientos de miles mueran de hambre en África; y abandonar a Ucrania en su valiente lucha contra Putin, y amenazar con tomarse Groenlandia “a las buenas o a las malas”, y ordenar asesinar civiles en lanchas del Caribe sin el debido proceso y sin ofrecer una sola prueba en su contra, incluso rematando en el agua a los sobrevivientes, es ir too far.

Lo cierto es que Estados Unidos y el mundo entero están sujetos a los caprichos de un hombre que cada vez está dando mayores pruebas de inestabilidad psicológica. Por eso el Financial Times de Londres afirma: “El estado mental de Donald Trump es un peligro global”. La prueba es lo que hace a diario. Las muchas cosas extremas, peligrosas o lunáticas. Porque eso es lo que más le gusta a Trump. Ir too far como estrategia política. Así consolida su poder, favorece amigos y aplasta enemigos. Porque cree que eso es viril y admirable, cuando sólo es suicida. Lo malo es que cuando un presidente se suicida, se suele llevar consigo a su propio país. Y en este caso también se llevará al mundo. Y eso sí es ir too far.

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@JuanCarBotero

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