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Una orgía de sangre y armas

Juan Carlos Botero

14 de julio de 2016 - 09:54 p. m.

Es un asco. Lo que sucedió en Estados Unidos con la masacre en una discoteca en Orlando, Florida, no tiene justificación alguna. Pero sí, en cambio, tiene culpables y responsables. Y además: claritos.

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El mayor culpable es el asesino, un imbécil homofóbico que un día decidió abalear a la mayor cantidad de personas posible. Y el mayor responsable es el Congreso de EE.UU., un cuerpo legislador incapaz de crear las leyes más elementales para impedir matanzas como esta. Y todo porque sus políticos viven metidos en los bolsillos de un solo grupo de presión: el NRA.

El problema tiene dimensiones alucinantes. Apenas una semana después de Orlando, murieron otros 500 civiles por armas de fuego en EE.UU. Como anotó Nicolas Kristof, desde 1970 han muerto más personas por armas de fuego en ese país que a causa de todas las guerras de su historia, empezando con la revolución contra Inglaterra en el siglo XVIII. Y Kristof no se queda ahí. Además, señala con razón, el país más parecido a EE.UU por su cercanía, cultura e idioma es Canadá. Pero mientras que en ese país han ocurrido ocho masacres en las últimas dos décadas, en EE.UU hubo más de 20 en sólo el pasado mes de junio. Esto es una epidemia colosal.

No obstante, cada vez que el Congreso trata de pasar leyes sensatas para impedir la continuidad de semejante baño de sangre, el NRA derriba los proyectos para que las armas se sigan vendiendo, sin restricciones, como pan caliente. No se puede ser manicurista en ese país sin una licencia, y tampoco se puede comprar un antibiótico sin receta médica. Pero en cambio se puede comprar un arma de guerra con un tambor de 100 proyectiles, como el que se usó en la matanza de Aurora, y un civil puede comprar un fusil de asalto así haya sido investigado no una sino dos veces por sospechas de terrorismo por el FBI, o con antecedentes de desequilibrio mental o violencia doméstica, sin problema alguno. Quien esté de acuerdo con esto está loco, y su aceptación también es criminal.

Lo peor es que el remedio a este horror es muy sencillo, y ya está inventado. Es una simple cuestión de leyes obvias que permitan el uso responsable de armas de fuego. No se trata de impedir que un ciudadano de bien compre un arma. Se trata de impedir que las compren aquellos con antecedentes criminales, problemas mentales o una historial de violencia, e impedir que cualquier civil compre un fusil de asalto, como los que se han usado en todas estas matanzas, un arma de guerra que ningún ciudadano necesita y menos si no ha tenido el entrenamiento militar para usarla en forma responsable. El argumento tonto de que, por más leyes que existan los malos siempre podrán acceder a las armas y, por esa razón, la gente se tiene que defender, carece de validez. Eso supone que los malos son evidentes, tipo Pablo Escobar, pero ninguno de los autores de estas masacres, como la pareja en San Bernardino o el demente de Orlando, tenía pinta de Pablo Escobar. Lo cierto es que estas masacres no suceden y menos con esta frecuencia en otros países desarrollados. Y la razón son las leyes que existen en esas naciones. Eso significa que el gran responsable de esta orgía de sangre es el Congreso de EE.UU. Y no es justo que por la mezquindad y miopía de un puñado de políticos, miles de personas inocentes tengan que morir cada año.

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