Mucho de este Gobierno me parece claro. Que entiendo sin problema. Pero hoy mucho más me parece incomprensible.
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Entiendo, y comparto, el deseo de cambio. Para eso fue elegido este presidente. ¿Pero cómo lograr el cambio económico sin el sector privado? Por eso no entiendo los insultos de Gustavo Petro, llamando al empresariado corrupto y esclavista. El empresario genera empleo e inversión, y arriesga tiempo y capital en producir lo que el país necesita. ¿No sería mejor aliarse con el sector privado para lograr, juntos, el cambio y el progreso, en vez de tener que reparar después los agravios con fotos y un almuerzo?
Aplaudo combatir el cambio climático y entendería una política realista y gradual de transición energética, como están haciendo otros países. Pero parar en seco la exploración de hidrocarburos, como anunció el presidente en Davos, cuando los ingresos del país dependen de estos, es un suicidio. Sí, esos anuncios logran aplausos en foros mundiales, pero al final sólo son actos de vanidad que no trascienden. Tampoco entiendo dejar de extraer el gas nacional para proponer importarlo de Venezuela, o postular que los ingresos del petróleo los podrá suplir, a corto plazo, el turismo. Esa es una fantasía.
No entiendo cómo sigue en su cargo el ministro de Salud. Un día anuncia, solito, una reforma tributaria, y otro afirma que las UCI eran un negocio, cuando salvaron miles de vidas, y que en Colombia las vacunas fueron un experimento. Y no lo entiendo porque lo veo de otra manera: los científicos que crearon las vacunas, en tiempo récord, salvaron a la humanidad, a tal punto que luego del paso arrasador de la pandemia es como si el COVID nunca hubiera existido. Esos científicos no merecen nuestro desprecio. Merecen nuestra gratitud. Y más de un ministro de Salud.
No entiendo tanto anuncio contradictorio: que no habrá más reformas tributarias, que habrá otra este año. Y no lo entiendo porque la ecuación es simple: contradicciones generan incertidumbre, incertidumbre ahuyenta la inversión, menor inversión aumenta el desempleo y la pobreza. Todo lo contrario de lo que busca el Gobierno.
Entiendo reformar la salud, pero no la propuesta de eliminar las EPS sin que el Estado disponga de una estructura para reemplazarlas, porque entonces los 2,5 millones de personas que acuden a diario para consultas médicas, como señalaron Mauricio Cárdenas y Mauricio Reina, quedarían, de la noche a la mañana, sin cobertura o atención médica.
Tampoco entiendo cómo un presidente que defiende la austeridad permite el séquito de la primera dama, ni cómo tolera que sus familiares anden como ruedas sueltas, cometiendo errores y hasta delitos.
No entiendo tanta improvisación ni la poca ejecución del Gobierno. Tras pasar la reforma tributaria y contar con recursos de sobra para emprender una renovación de la infraestructura nacional, ¿cómo se anuncian quimeras como el tren elevado entre Buenaventura y Barranquilla, y no se hacen, en cambio, obras posibles y urgentes en el Chocó y en otros lugares por falta de capacidad administrativa? ¿Que se pierdan un millón de vacunas? ¿Que esté aumentando la desnutrición infantil? ¿Que no se haga lo necesario para mejorar el orden público y frenar el asesinato de líderes sociales? ¿Para enfrentar el fenómeno de El Niño?
En fin, mucho de este Gobierno luce claro, pero mucho no lo entiendo. Y cada día entiendo menos. ¿Ustedes?