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Descalabro en la séptima

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Juan Carlos Florez
16 de marzo de 2011 - 06:00 a. m.
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Bogotá es hoy el epicentro de uno de los desastres más grandes en gestión pública urbana de las últimas décadas.

Una mezcla de ineptitud, ignorancia, clientelismo e indolencia tiene a la ciudad al borde del abismo. Y quizás el mejor rasero para medir la situación es la manera como el alcalde y su equipo desperdiciaron la oportunidad de oro que les fue concedida: construir un metro. La administración dilapidó el enorme capital político recibido en octubre de 2007.

En medio de una increíble improvisación, el alcalde se atropelló a sí mismo y nos dejó sin transporte masivo. Lo único que lograron entregarles a los bogotanos fue un video sobre el metro.

Al hundir su proyecto bandera, la administración que había construido buena parte de su capital político sobre el desprestigio de Transmilenio, se agarró de un clavo ardiendo y quiso presentar, como gran logro tras cuatro años de descalabros, la construcción de las troncales de Transmilenio. Una paradoja.

Ya sabemos que la ineptitud de la administración se ha puesto de manifiesto en su incapacidad para garantizar que las obras se entreguen a tiempo. Hoy no tenemos terminadas ni la troncal de la 10ª ni la de la 26. Por eso es un hecho, casi que demencial, el que la administración haya querido comenzar obras por la 7ª.

Suspender las obras por esta vía hasta, que Bogotá tenga alcalde, es una sentida demanda ciudadana. Los bogotanos no nos merecemos más esta ausencia de gobierno que hoy padece la ciudad.

 *Exconcejal y analista

 

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