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Antes de reformar la justicia, hay que respetarla

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Juan Carlos Gómez
22 de agosto de 2022 - 05:00 a. m.
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Hace casi medio siglo se viene hablando de reformar la justicia, como si el problema sustancial estuviera en las normas. Aun después de la Constitución política de 1991 algunos de los propios constituyentes consideran que la politización en la elección de las altas cortes fue la causa remota de la falta de credibilidad de la que adolece la rama jurisdiccional. Corregir ese yerro se convirtió en un fetiche e infortunadamente muchos creen que esa es la vía para que la sociedad crea en la justicia.

Mientras se da la reforma mayestática y maximalista —que tal vez nunca pase—, los jueces en sus decisiones cotidianas, en las grandes ciudades y en los municipios más remotos, son los que le dan verdaderos motivos para creer o no en la justicia. Para los ciudadanos en el mundo llano es indiferente cómo se elige a los más altos dignatarios. Su preocupación es que se dicte derecho (iuris dictio) bien y a tiempo.

El veterano litigante Jonás Benavente Gentil, mi amigo, me cuenta con alguna frecuencia sus experiencias en el trasegar por la baranda. Celebra que los jueces, el ministerio público y la defensa del Estado no estén porque sí y a ultranza a favor de las entidades públicas en sus pleitos con los particulares. Kafka narró magistralmente la capacidad que tienen las instituciones para devorar la justicia; por eso dicha actitud es una buena noticia. Por otra parte, lamenta Jonás que la justicia arbitral se desprestigie por el afán de lucro de algunos togados. Qué daño inmenso le hacen al derecho y a las nuevas generaciones de abogados.

Las reformas constitucionales y legales que se anuncian le imponen al derecho, a los abogados y a los jueces el reto más grande de su historia. No puede imponerse en las normas ni en la hermenéutica un derecho de clase. Algunos fanáticos sueñan con que paulatinamente las cortes cambien una supuesta y determinada tendencia ideológica y por ese camino se llegue a su igualdad social. Sería una hecatombe que no es fantasía, como lo demuestra la decisión de la Corte Suprema de Estados Unidos que revirtió la sentencia Wade vs. Roe.

@jcgomez_j

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