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Franklin D. Roosevelt, gigante de la historia —entre mitos y verdades—, en doce años de mandato llevó a EE. UU. a la supremacía mundial y le entregó al Estado la dirección de la economía, algo impensable hasta entonces en ese país. En las décadas siguientes su legado se fue desdibujando. Entre jueces conservadores y el surgimiento de nuevas teorías económicas, como las de la Escuela de Chicago, se privilegiaron los intereses de las grandes corporaciones en contra de la competencia y los derechos de los consumidores.
Joe Biden quiere emular a Franklin D. Roosevelt, pero tiene muchas cosas en contra. Su mandato será apenas de cuatro años; se da por descontado que no aspirará a la reelección y no tendrá tiempo de someter al ala más conservadora de su propio partido.
En un intento de ganar tiempo, hace pocos días Biden expidió una orden ejecutiva para promover la competencia en la economía y prevenir y castigar los abusos de los monopolios.
Se pregona: “En lugar de competir por los consumidores, están consumiendo a sus competidores”. Durante las últimas décadas, y en parte debido a la inacción del gobierno federal, la competencia se ha debilitado en varias industrias y, en otras, es inexistente. La ley Sherman y la ley Clayton parecen haber cumplido su ciclo; se necesitan herramientas novedosas para generar mercados competitivos y el bienestar de los consumidores.
Por esa razón, en la orden ejecutiva se les solicita a las agencias antimonopolio que, antes de permitir una fusión, apliquen criterios más agudos para evitar la conformación de monopolios. Asimismo, se les recuerda a dichas autoridades que la ley les permite revisar fusiones, aunque hayan sido autorizadas anteriormente sin ninguna objeción.
Se le solicita a la Comisión Federal de Comercio tomar acciones frente a las distorsiones en varios mercados como el comercio electrónico. En el sector de medicamentos se permitirá la importación de estos productos desde Canadá, para enfrentar las injustificadas diferencias de precios.
Es lamentable que en el debate político los temas económicos acaben relegados a frases de cajón y promesas imposibles de cumplir. Ojalá el electorado fuera consciente del daño irremediable que pueden generar los falsos profetas.
@jcgomez_j
