Hace casi 60 años el canadiense Marshall MacLuhan, filósofo de la comunicación, acuñó el aforismo el medio es el mensaje para expresar que el medio da forma y redefine el contenido mismo que trasmite. La manera como adquirimos la información nos afecta más que la información en si misma No existían entonces las redes sociales ni internet, pero, su visión resultó profética de lo que sucede en esta era digital. En los albores de la revolución digital se creía que por fin la libertad de expresión tenía un paraíso. Ahora resultó ser que la información es una mercancía en un mercado de datos.
La sociedad y los individuos, asediados por las redes sociales, perdieron en gran medida la capacidad de seleccionar la información. Los formatos no permiten decantar. En el debate político Twitter, Facebook y ahora mucho más TikTok, remplazaron la plaza pública, tal como sucedió en Colombia en la primera vuelta de la elección presidencial. Por lo pronto es difícil evaluar el daño o el beneficio que le causa a un candidato su interacción -y las de sus fanáticos- en esas plataformas, pero, ese es el escenario definitivo para atizar la pasión de los electores. Por ese camino llegó Donald Trump al poder y así podrá volver.
Los medios de comunicación tradicionales -principalmente los que utilizan frecuencias radioeléctricas- son vulnerables a la censura y al control estatal. Las plataformas digitales no tienen esos inconvenientes y los legisladores y reguladores están lejos de acertar en cómo enfrentar el inmenso poder de esos gigantes; tal vez, nunca lo logren.
Como se demuestra en el caso de Facebook (Meta), las empresas que controlan las grandes plataformas están sometidas al capricho del jefe. Hace poco el columnista Paul Krugman llamaba la atención de como Jeff Bezos y Larry Ellison (Oracle), más allá de su poder empresarial tienen una militancia política que será decisiva en las próximas elecciones en Estados Unidos. Elon Musk -molesto con el gobierno Biden- declaró hace poco que el partido demócrata genera odio y división, lo cual hace temer aún más por el futuro de Twitter, si es que por fin el excéntrico billonario decide comprarlo.
@jcgomez_j