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La pandemia del covid-19 generó una sobrexposición del público a las noticias, tanto en los medios tradicionales como en las redes sociales. Se generó así una reacción negativa en la audiencia: evitación y fatiga de las noticias. El profesor canadiense Neill Fitzpatrick analiza este fenómeno que incluso llevó a que la Organización Mundial de la Salud identificara como patología de salud mental la “infodemiología” y recomendara reducir el consumo de noticias que generen ansiedad o estrés. La cuestión es si el agobio lo causa la realidad nacional e internacional o las noticias al respecto.
Además de catástrofes como esa pandemia, hay sucesos que exacerban el fenómeno y el consumo compulsivo de noticias: la presidencia de Trump (2017-2021), el agravamiento de los efectos del cambio climático, la invasión rusa a Ucrania, la guerra en Gaza y el agravamiento de la radicalización política e institucional en Colombia desde la llegada de Petro a la Presidencia.
Paradójicamente, el fenómeno de la evitación y fatiga noticiosa es una mala noticia que puede tener graves efectos para la democracia a nivel global. El profesor Fitzpatrick en un magnífico ensayo presenta las conclusiones de un estudio realizado entre 2020 y 2021 en el que se abordan, entre otras, las siguientes cuestiones: ¿es un fenómeno transitorio causado por la pandemia o es una tendencia generada por falta de credibilidad del público en las noticias? ¿Cómo pueden las organizaciones periodísticas convencer a las audiencias acerca de la necesidad de mantenerse informadas por fuentes idóneas?
A la par que los medios tradicionales han perdido audiencia y se ha reducido su pauta publicitaria, la industria periodística está en el peor momento de su historia. La filantropía ha permitido la subsistencia de muchos periódicos como The Washington Post y Los Angeles Times, pero no parece ser una solución sostenible en el mediano plazo. Es posible que leyes tributarias y de competencia estimulen la subsistencia de muchos medios en el mundo digital. Para el efecto es indispensable la voluntad de los gobiernos y los legisladores, algo que buena parte de la clase política no está dispuesta a hacer, pues prefiere el caos de la desinformación.
