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‘House of cards’ y el futuro de la televisión

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Juan Carlos Gómez
24 de febrero de 2014 - 04:00 a. m.
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Por fin, el pasado 14 de febrero, Netflix lanzó la segunda temporada de House of cards. Esta serie —reflejo fiel de la falta de escrúpulos en la política— es también el símbolo de una nueva era.

Las frecuencias radioeléctricas y las redes de cable ya no son indispensables para la televisión. Por unos pocos miles de pesos, Netflix a través de internet permite acceder a muchas horas de programación, sin necesidad de descarga y como un flujo permanente (streaming). Además, ofrece contenidos originales de impecable calidad —como la mencionada serie—, para satisfacer la creciente avidez de los televidentes.

Hoy en día casi todos los aparatos pueden ser un televisor, lo cual le da un aire inmenso a la televisión, pero lleva a replantear cuestiones fundamentales como la medición de la audiencia y la inversión publicitaria.

Días antes del lanzamiento de la segunda temporada de House of cards, se anunció que Comcast —el más grande operador de cable de los Estados Unidos— adquiriría a Time Warner por 45 mil millones de dólares. El negocio requiere la aprobación de las autoridades de competencia y de comunicaciones, lo cual no será fácil.

De llegar a suceder, se conformaría un monstruo del triple play (televisión por suscripción, internet y telefonía) que —aun en el reino del capitalismo, como lo advierte la revista Wired— amenazaría a toda la industria de televisión y a la producción de aplicaciones y contenidos, lo cual afectaría, entre otros, a ESPN, Fox, Netflix y YouTube. Se teme, por ejemplo que Comcast —que adquirió el año pasado a NBC— privilegie sus propios contenidos o discrimine en internet el tráfico de sus competidores.

A diferencia de tantas cosas que nos han llegado tarde, la nueva realidad de la televisión ya impacta a este medio en Colombia de manera decisiva. La televisión colombiana —pública y privada; local, nacional y regional— como expresión cultural puede desaparecer en pocos años, arrasada por un clic. La Autoridad Nacional de Televisión y la Comisión de Regulación de Comunicaciones tienen la responsabilidad histórica de evitar que el poder dominante en la provisión del cable y del acceso a internet ahogue la producción nacional.

 

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