Ojalá existieran cifras confiables sobre el impacto de Twitter en la opinión pública y en el comportamiento electoral de su masa de usuarios. En buena parte, la influencia de esta red social puede estar en que los medios tradicionales —a costa de su propia audiencia y credibilidad— la amplifican, muchas veces exageradamente y sin razón.
Elon Musk, la persona más rica del mundo, quiere comprar Twitter. “No por negocio”. Según él, lo haría en bien de la civilización; para garantizar la libertad de expresión a escala global. Muchos expertos opinan que su verdadera intención es forjar esa red social a su imagen y semejanza. Algunos de los principales accionistas y los directores de la compañía se han opuesto a la toma de control y han activado un mecanismo (poison pill) para impedir que ello suceda por lo pronto y que le cueste mucho más dinero del que pensaba. La operación está en la mira de la SEC, que no tiene muy buenas relaciones con el magnate.
Musk ha sido crítico de la falta de trasparencia de los algoritmos que utiliza Twitter para priorizar unos contenidos sobre otros y ha presionado para que dichos algoritmos sean públicos y auditados. No está de acuerdo con la política de control de contenidos que utiliza Twitter. Según Musk, la plataforma no debería aplicar una política subjetiva de moderación y solo se debería impedir el acceso cuando esté de por medio un acto criminal. Un reto para los reguladores y las autoridades.
Por lo pronto es una incógnita lo que vaya a suceder entre Musk y Twitter. Con Tesla, creó la industria a gran escala de los autos eléctricos; a través de SpaceX, es el pionero de la privatización de los viajes interplanetarios y compite con Jeff Bezos por establecer la primera colonia en Marte. No sería raro entonces que fuera el precursor de la nueva libertad de expresión controlada por algoritmos y termine convertido en el ciudadano Kane del siglo XXI, como lo teme con razón Shira Ovide.
La paradoja de Twitter es uno de los fenómenos de comunicación más interesantes de los últimos años: es estúpida y trascendental a la vez.
@jcgomez_j