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Los europeos

Juan Carlos Gómez

09 de mayo de 2022 - 12:00 a. m.

Stefan Zweig describía Europa como el “reino supranacional del humanismo”. Más allá de sus devastadoras consecuencias geopolíticas, eso es lo que está en juego con la infame invasión rusa a Ucrania.

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La identidad cosmopolita de Europa —cuna de la democracia, la masificación de la cultura y los derechos humanos— se empezó a consolidar a mediados del siglo XIX. Los ferrocarriles, el telégrafo, la prensa nacional y el desarrollo de técnicas de impresión editorial a bajo costo revolucionaron el sentido del tiempo y del espacio, la circulación de las ideas y la difusión de las artes. El esplendor de esa trasformación cultural está narrado de manera formidable en el libro Los europeos (2020), del historiador británico Orlando Figes.

Figes, a través de la vida de tres personajes apasionantes, detalla los acontecimientos que forjaron esa manera europea de ser cosmopolita. El escritor ruso Iván Turguénev, no tan conocido, pero, para muchos, de la talla de Dostoyevski y Tolstói, de quien fue amigo y protector; la cantante lírica Pauline Viardot y su marido, Luis Viardot, empresario musical y refinado coleccionista de arte. Ellos protagonizaron un triángulo amoroso que, descontado el escándalo, fue una alianza feliz para ser intermediarios culturales y promotores de escritores, artistas y músicos de toda Europa.

El libro de Figes relata muchos momentos sublimes de la cultura europea, como el nacimiento del Impresionismo y el apoteósico funeral de Víctor Hugo, al cual asistieron más de dos millones de personas, con capilla ardiente bajo el Arco del Triunfo y procesión hasta el Panteón, en donde hoy reposan sus restos junto con los de otros héroes nacionales.

Cuenta Figes que, gracias a la explosión cultural de la cual fueron protagonistas Turguénev y los Viardot, en Europa en 1900 se leían los mismos libros, se reproducían los mismos cuadros, se escuchaba la misma música en los hogares, las salas de conciertos y los teatros de ópera. Aunque la Primera Guerra opacaría el esplendor de Europa, las semillas quedaron intactas, así también después de la Segunda Guerra.

Ese ser europeo es el mismo que inspira hoy la defensa contra la demencia de Putin. Es una lástima, este zar hundió otra vez a la santa Rusia en la barbarie.

@jcgomez_j

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