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Maten a Whitlam

Juan Carlos Gómez

21 de noviembre de 2022 - 12:00 a. m.

La BBC recordaba en estos días un suceso que narra Michael Wolff en su libro sobre el imperio noticioso de Rupert Murdoch. En 1972 el entonces primer ministro australiano, Gough Whitlam, se distanció de Murdoch, a pesar del apoyo que este le había dado en su campaña electoral, y empezó a tomar decisiones que afectaban las finanzas del magnate. La orden a los editores de sus periódicos fue matar a Whitlam, obviamente en sentido figurado. Lo lograron; a los pocos meses salió del Gobierno.

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En los últimos 50 años los medios controlados por Murdoch han sido decisivos en el ejercicio del poder en Australia, Reino Unido y Estados Unidos. En este último país Murdoch —quien está por cumplir 92 años— otra vez tendrá un papel protagónico en las próximas elecciones presidenciales. Por lo pronto ya zafó a su amigo Trump, como parece evidenciarlo un artículo reciente de The Wall Street Journal, controlado por Murdoch.

En América Latina la “gran prensa” no ha tenido tantos alcances, si bien muchas veces su posición ha cambiado el curso de la historia, para bien y para mal. En estos lares el fenómeno ha sido más bien el despojo a la prensa libre por parte de gobiernos elegidos democráticamente. Así sucedió en Venezuela con Chávez y Maduro, en Ecuador con Correa y en Argentina con Menem y los Kirchner. El libro ¿Qué les pasó?, del periodista Ernesto Tenembaum, ilustra de manera formidable el caso argentino y la persecución a los medios por parte del Gobierno.

Aunque aparentemente exista libertad de expresión, el poder censura a través de prácticas como el estrangulamiento de la pauta oficial, barreras a la importación de papel periódico y restricción al acceso a frecuencias radioeléctricas. En este escenario la única tabla de salvación es la posición independiente de los tribunales constitucionales y el acatamiento institucional a sus decisiones.

El deplorable papel de Facebook en la elección de Trump ya demostró que la opinión y la información no están seguras en las redes sociales. Ni que decir de Twitter, ahora en manos de un excéntrico que puede dejar sin voz a buena parte de la humanidad y sin medio casi oficial a los gobernantes del mundo.

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@jcgomez_j

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