En la década de los 60 la historia tuvo un aire mítico de renovación: los Beatles, el Concilio Vaticano II, la Primavera de Praga, la revolución sexual, el movimiento hippie y un radical activismo estudiantil que se extendió alrededor del mundo en contra del autoritarismo y la represión de las instituciones y de la cultura establecida.
Aunque por razones diferentes, coincidió que en muchas ciudades (Londres, Chicago, México, Berlín, Roma, Madrid) los estudiantes salieron a la calle a retar al poder. En mayo de 1968 las protestas en París tuvieron una especial intensidad; parecía una verdadera revolución. En medio de barricadas y bombas molotov, la ciudad se paralizó por varios días; el orden solo pudo restablecerse con el Estado de sitio.
A las protestas de los estudiantes y profesores de la Sorbona pronto se sumaron trabajadores, artistas y gentes del común, en un sentimiento colectivo de liberación que generó frases memorables: “La imaginación al poder”; “Prohibido prohibir”; “Seamos realistas, pidamos lo imposible…”. Jean Paul Sartre le dio la dimensión filosófica a ese momento de la historia cuando se creyó que todo podía cambiar.
El líder estudiantil Daniel Cohn-Bendit (“Daniel El Rojo”) se convirtió en la figura emblemática de un movimiento que, si bien no logró derribar el establecimiento, generó algunas reformas sociales y políticas y desencadenó el fin de la carrera política del presidente de Francia Charles De Gaulle, héroe de la Segunda Guerra.
Gracias al videotape y al cubrimiento inmediato por parte de los noticieros, las imágenes de las barricadas en París pronto alentaron a los estudiantes de Berkeley y Columbia a hacer más intensa su oposición a la intervención de Estados Unidos en la guerra de Vietnam. La diaria televisación de las protestas contribuyó a que estas se hicieran virales y a limitar el nivel de violencia de los gobiernos en contra de los revoltosos.
El aire de esperanza que despertó el mayo del 68 se desvaneció cuando el 5 de junio de ese año fue asesinado Robert Kennedy, dejando así el camino abierto para que el indigno Richard Nixon fuera presidente. Desde 1968 el mundo ya no cree en utopías.
@jcgomez_j