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El famoso neurólogo y escritor Oliver Sacks advirtió hace años acerca de la catástrofe neurológica de gran escala derivada de la adicción a la tecnología, especialmente por parte de los jóvenes. La pérdida paulatina del sentido del tiempo y el espacio.
Sacks falleció en 2015 y no alcanzó a observar la manera como la pandemia del COVID-19 nos encerraría aún más en el mundo digital. Es un asunto de salud pública tal vez más grave a largo plazo que el mismo virus.
Gracias a plataformas como Zoom, GoogleMeet y Teams llevamos casi dieciocho meses conectados; muchas veces diez o más horas diarias. Eso ha permitido preservar el tejido social y mantener en buena parte el aparato productivo. Sin embargo, ya es suficiente. Esas herramientas pueden tener el efecto negativo de que la gente prefiera quedarse encerrada, tienda a extender más allá de lo necesario el aislamiento social y no vea la necesidad de vacunarse o se rehúse a tomar las medidas mínimas de protección.
En la administración de justicia esas plataformas han permitido que se siga prestando ese servicio, pero es necesario volver a la presencialidad y que se utilicen los medios digitales solo para lo adecuado e indispensable.
El trastorno social que produce la tecnología también tiene su expresión en la explosión normativa. La Ley 2088 de 2021, que regula el teletrabajo en casa, legitima esa forma de laborar a la que nos obligó la pandemia. Aunque se supone que solo puede ser de manera transitoria, muchos empleados y trabajadores preferirán la comodidad de no tener que trasladarse habitualmente a la sede física de la empresa.
La prestación de servicios por medios electrónicos le impone inmensos retos al ordenamiento jurídico. La Corte Constitucional (T-109/21) exhortó al Congreso de la República y al Ministerio del Trabajo para regular la actividad del modelaje webcam con el fin de proteger “laboralmente a las mujeres y demás personas que se dedican a este oficio.” La semana pasada se presentó un proyecto de ley con ese propósito.
No será a fuerza de leyes como podrán atenuarse los efectos devastadores de la “telexistencia”, esa forma de vida a la que la humanidad se dirige inexorablemente. “Apague la cámara”.
@jcgomez_j
