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El 4 de marzo de 1933, Franklin D. Roosevelt (FDR) se posesionó como trigésimo segundo presidente de EE. UU. Comenzó entonces una era que cambiaría diametralmente la historia. La nación norteamericana, sumida en la Gran Depresión, apenas si se enteró de que pocos días antes, con el incendio del Reichstag, Hitler estaba por tomarse el poder absoluto para darle rienda suelta a su delirio del Tercer Reich. Afortunadamente, FDR lideró el resurgimiento de EE. UU. y, con la ayuda de otros gigantes como Churchill y De Gaulle, evitó que el mundo quedara en las fauces del nazismo.
Además de la catástrofe medioambiental, casi un siglo después el mundo atraviesa una coyuntura social y política, incomparablemente más crítica que entonces. Las ideas de democracia, derechos humanos, cooperación internacional y otros valores que durante décadas sirvieron de faro están asediadas por el populismo, que es la plaga en casi todos los países. Putin, Kim Jong-un o los ayatolas de Irán en cualquier momento prenden la mecha. Mientras que Europa luce alicaída sin ninguna posibilidad de liderazgo, solo China tiene la voluntad y la capacidad de construir a su manera un nuevo orden mundial, con los peligros que ello implica.
Internet y las plataformas cambiaron tanto el ejercicio del poder político que en muchos casos las elecciones son apenas la confirmación de triunfos que se logran a fuerza de manipulación y mentira en el mundo digital. Las masas se mueven a ritmo de algoritmos y están cómodas así. El Estado de derecho, por lo pronto, parece incapaz de enfrentar esa dictadura digital; la amenaza más grande que enfrenta la democracia. El escenario promete ser peor con la masificación de la inteligencia artificial.
Donald Trump es un refinado producto del mundo digital y por eso llega a su segundo mandato en medio de una sociedad profundamente dividida. Durante el gobierno Biden un sector mayoritario del Partido Demócrata y algunos idealistas como Lina Khan y Tim Wu trataron de contener el inconmensurable dominio de las plataformas digitales. Por ahora la batalla está perdida. Mark Zuckerberg se vestirá de gala para celebrar esta noche la posesión del nuevo presidente.
