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Escuchar el viento susurrar por mis oídos mientras una notoria neblina cruza a alta velocidad y se lleva consigo toda la visibilidad de un lugar mágico, donde se mezcla el infinito con el vértigo.
Una experiencia única que se vive en el cerro El Tablazo, en Cundinamarca, Colombia, donde más allá de su belleza natural , de sus paisajes escarpados , de su flora y de su fauna de páramo, retumba la leyenda de un fatídico accidente aéreo de Avianca hace 80 años.
Una historia que siempre me ha intrigado y que decidí ir a buscar.
Al llegar al sitio, caminé por varias horas con mucho cuidado por el filo de la montaña y al borde de precipicios imponentes hasta lograr encontrar finalmente la placa conmemorativa de la tragedia y sentir la energía del lugar exacto donde ocurrió la catástrofe de este avión que no logró superar, por pocos metros, la altura requerida , para terminar estrellándose de frente contra una roca.
La lápida está insertada en la piedra donde el avión DC 4 que cubría la ruta de Barranquilla a Bogotá se impactó.
Leer lo que dice y repasarlo en medio de la soledad de la cordillera produce un sentimiento de nostalgia, tristeza , olvido y mucho respeto:
“La Vida es Eterna. El amor es inmortal y lo que llamamos muerte es tan solo el horizonte tras el cual no podemos ver“.
El 15 de febrero de 1947 a las 12:45 de la tarde se estrelló violentamente y explotó contra el cerro El Tablazo en el municipio de Subachoque, un Avión Douglas DC 4 de la aerolínea Avianca , vuelo 651, tripulado por el comandante americano Kenneth Newton Poe, y por el copiloto y radio operador Roy George Kay , quienes transportaban 48 pasajeros y dos auxiliares de vuelo. Todos murieron.
Sólo hasta el siguiente día, el equipo de rescate logró llegar y descubrir pequeños fragmentos de la nave destrozada. Casi la totalidad de los escombros , del fuselaje, los motores y los restos mortales de los ocupantes se encontraban en el fondo del abismo. En este avión viajaba el renombrado jugador de fútbol, Romelio Martínez , por quien bautizarían en su nombre, un estadio en Barranquilla.
El evento fue tan disruptivo para el momento , que el Presidente de Colombia, Mariano Ospina Pérez, decretó un día de duelo nacional , suspendiendo el Carnaval de Barranquilla y la corrida de toros de la Plaza de Santamaría de Bogotá .
En su tiempo se convertiría en el primer accidente comercial aéreo de grandes proporciones en el país y a la vez en el mayor, por su número de víctimas, a nivel mundial, siendo transmitido el suceso por todas las agencias noticiosas del planeta.
Y ahora décadas después , aquí estoy, parado entre la belleza y la tristeza del lugar , donde alguna vez los gritos y la muerte deambularon de la mano, donde un sentimiento trágico de la vida lucha por no ser olvidado en medio de un silencio profundo que huele a campo santo.
En memoria de todos los fallecidos.

