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La máquina del tiempo

Juan Carlos Ortiz

01 de junio de 2026 - 10:07 a. m.

El 21 de enero de 1793, en la ciudad de París, fue decapitado en la plaza de la Revolución, hoy plaza de La Concordia, el rey Luis XVI, poniendo fin a la monarquía francesa.

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Al lado del obelisco, en el piso, se encuentra una placa conmemorativa del lugar exacto donde se llevó a cabo su ejecución y la de su esposa, la reina María Antonieta, a solo 33 kilómetros de distancia del Palacio de Versalles, símbolo monárquico francés por excelencia, inspirado en el lujo supremo, la grandeza imperial y la belleza artística.

Luis XVI llegó a ser el último monarca en reinar desde Versalles, precedido por Luis XV, el Rey Amado, y por Luis XIV, el Rey Sol, el visionario, creador y gran constructor del Palacio.

Llegar a Versalles es como abrir la puerta de la máquina del tiempo y regresar tres siglos.

En medio de toda la opulencia, que se percibe en cada rincón, brilla el primer hotel en el interior de Versalles: Le Grand Contrôle. Este hotel empezó a operar en junio del 2021 y constituye, sin duda, una experiencia estética, gourmet, histórica y sensorial inolvidable.

Se trata de un hermoso palacete del siglo XVII construido en 1681 por el arquitecto Jules Hardouin-Mansart con vista a los jardines del castillo y que cuenta con solo 14 habitaciones, decoradas y diseñadas con todos los detalles de la época.

Le Gran Contrôle era el lugar donde gestionaban los jefes de finanzas del rey. Desde ahí se manejaban los ingresos y los impuestos del reinado de francés. Era lo más cercano a un ministerio de hacienda en los tiempos de hoy. Fue el lugar de operaciones de legendarios financieros reales o controladores, como Jean-Baptiste Colbert y Jacques Necker.

Todos los salones, las habitaciones, el restaurante son diseñados con objetos de aquella época, remodelados, recuperados o restaurados de manera cuidadosa y muy detallada por especialistas curadores y carpinteros especializados.

Es irónico ver que cuando triunfó la Revolución Francesa, se subastó y se vendió gran parte del mobiliario de Versalles en el siglo XVIII, lo cual obligó en los últimos años a los gobiernos franceses a tener que pagar fortunas para volver a recuperar las piezas originales del palacio y ubicarlas a donde pertenecen como pilares del valor y del patrimonio.

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En cuanto al restaurante, este es gestionado por Alain Ducasse, el chef francés con más estrellas Michelin en el mundo, que de manera mágica, y a la usanza monárquica, logra que cada detalle de la comida, su presentación, la mesa, la disposición y el grupo que brinda la atención y el servicio –vestidos con trajes de la época–, generen una experiencia inimitable y alusiva a los siglos del absolutismo francés.

Uno de los detalles en el desayuno es tomar el caldo de vegetales que bebía diariamente el rey. Probarlo es un reto gastronómico amado por unos y odiado por otros.

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Pero la parte magistral del Gran Contrôle comienza cuando los turistas salen de Versalles. Literalmente se pasa a una relación íntima y muy personalizada con el castillo.

Se puede salir a recorrer sus jardines, sus fuentes, el canal veneciano, los naranjales y todos los caminos del interior. Un verdadero recorrido privado y una experiencia incomparable.

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Adicionalmente, para los huéspedes y en las noches, se organizan guías privadas sin público para caminar y visitar el Palacio, los salones y los dormitorios de la reina y del rey. Se puede tener el privilegio de marchar solo y de manera exclusiva por el Salón de los Espejos, por los recintos, los dormitorios y los pasajes secretos.

El Grand Contrôle es un lugar único en su tipo, mágico en su experiencia, que ofrece la posibilidad de poder sentir como vivía el rey Luis XVI, pero sin morir guillotinado en el intento y con las llaves de la máquina del tiempo para regresar después de unos días nuevamente a la realidad del siglo XXI.

Foto: Juan Carlos Ortíz
Foto: Juan Carlos Ortíz.
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