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La relatividad publicitaria

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Juan Carlos Ortiz
01 de marzo de 2009 - 03:00 a. m.
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Todos los que trabajamos en compañías multinacionales sabemos muy bien lo difícil que es traer ejecutivos de alto nivel a nuestro país. Por razones y percepciones de seguridad o incluso por imposiciones de las empresas de seguros, invitar y traer a Colombia personajes no es tarea fácil.

Durante varios años estuve planeando realizar una reunión creativa y estratégica con las grandes personalidades publicitarias del negocio de la belleza.

Después de mucha insistencia, finalmente varios de ellos aceptaron venir.

Organizamos todo el taller de trabajo en un club social de Bogotá para estar aún más tranquilos. Sobra decir que la pequeña espinita de “qué tal que pase algo”, nunca deja de estar presente.

Nos juntamos y trabajamos durante tres días. El equipo estaba conformado por  colombianos, quienes actuábamos como anfitriones latinoamericanos, norteamericanos e ingleses.

Como siempre, a los ejecutivos internacionales les gusta Colombia, siempre sobrepasa positivamente las expectativas que tienen, pero nunca dejan de estar un poco asustados durante su estadía.

Pero al segundo día sucedió algo que jamás olvidaré.

En medio del taller de trabajo los celulares se dispararon. Empezaron a sonar al tiempo y desesperadamente.

Eran llamadas para todos los ejecutivos ingleses que se encontraban en la reunión. Les preguntaban si estaban bien. Ellos en shock, contestaban que gracias a Dios estaban sanos y salvos.

Hacía pocos minutos acababa de producirse el atentado terrorista en Londres.

Los ingleses no lo creían y contestaban que estaban bien, que no se encontraban en Londres, que por suerte estaban en Colombia. Era increíble.

Por primera vez escuchaba a Colombia como parte de tranquilidad para el mundo.

Lo que siempre había sido un generador de miedos ahora se había convertido en un productor de paz.

Todos estaban bien porque estaban en Colombia.

Esa es la magia de la relatividad, la que permite que todo se pueda dar en la vida.

Desde ese día tengo una razón y una historia más para seguir invitando a ejecutivos internacionales a nuestro país.

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