“La bandera de Colombia es muy linda, sí señor, porque tiene tres colores y por eso es tricolor “.
Francia, Francia. Pocos lugares en el mundo conjugan tantos atributos multisensoriales como la república gala. Y esprecisamente allí, por su costa azul donde se encuentra Cannes, la meca de los artistas, la plaza sagrada de los festivales más importantes del mundo, de música, de cine y de publicidad entre otros.
Y en el negocio de la creatividad, nada más relevante globalmente, cubierto de fama y de gloria, como el Festival de Cannes. Hace unos años tuve el privilegio de crear un comercial de televisión llamado: “Caspa”, realizado para el programa antidrogas de la Presidencia de la República de Colombia, donde se mostraba a un hombre demacrado dentro de un bus, parado muy cerca y detrás de una persona con una tremenda caspa sobre sus hombros.
El hombre, muy inquieto, la mira con repudio y asco y de repente aspira la caspa de los hombros como si fuera cocaína. La cocaína es adictiva, muy adictiva.
Para mí era un gran honor saber que este trabajo estaba de finalista en el festival. Además yo me encontraba allá parado, en Cannes, en vivo y en directo, caminando por el Gran Palais, rodeado de las grandes figuras de la industria en el ámbito mundial. Un día antes de la premiación, un miembro del jurado me llamó y me contó que el comercial había ganado un premio.
Dentro de mis expectativas tercer mundistas, le pregunté con humildad si era un bronce. Larespuesta fue negativa. Entonces muy feliz supuse que sería plata. Otra vez negativa. Increíble, había ganado el oro. No lo podía creer.
Nunca antes en la publicidad colombiana nos habíamos ganado el León de oro. Primera vez en la historia que un colombiano subiría al escenario del teatro en Cannes a recibir el tan anhelado y disputado premio. Altamente emocionado, salí de inmediato a la calle con un objetivo muyclaro: conseguir una bandera de Colombia como testigo eterno de lo que sería ese momento.
Una labor difícil, pues en Cannes por más patriótico que fuera, no existen banderas de Colombia. Tenía que ser recurrente. Entré a un almacén de alta costura y le conté la historia a la mujer que atendía.
La señora se apiadó, se enterneció y cordialmente me regaló tres pedazos de tela, uno amarillo, uno rojo y uno azul. Pero adicionalmente los cosió.
Y así quedó hecha la bandera más hermosa de Colombia que pudiera existir sobre la tierra. Llegó la noche de la gran premiación con miles de personas, medios de comunicacióny transmisiones en vivo.
Me acerqué a la puerta, con mi bandera doblada debajo del brazo. La persona de seguridad me detuvo, leyó mi nombre y me dijo que no podía entrar por ahí, me tocaba por la alfombra roja. ¿Alfombra roja?
Yo lo que quiero es ingresar. Bajé rápidamente y entré por el tapete rodeado de las estrellas. Era como un guión surrealista. Comenzó la ceremonia. El Gran Palais a reventar. El presentador de la BBC abrió el sobre y leyó el ganador un poco enredado e incrédulo: “…and the winner is Co, Col, Colombia!!!“.
Mostraron el comercial y los aplausos fueron desgarradores. Subí al escenario,recibí el León de Oro y, de repente, delante de todo el público, saqué mi bandera de Colombia y la abrí.
El público se puso de pie y no paraba de aplaudir y yo no paraba de encrisparme. Un momento inolvidable. Mi vida profesional se partió en dos. Antes y después del oro en Cannes.
Ese día entendí que la gente aplaudía a Colombia y comprendí que no importa lo que uno haga: cine, publicidad, ciencia, música, ingeniería, empanadas o zapatería, siempre existe una responsabilidad con nuestro país.
Esta semana y 25 años después de ese mágico momento, me encontraba en la gran Manzana para la graduación de mi hijo de la Universidad de Nueva York. El evento se realizó en elmítico teatro Radio City. Un lugar legendario lleno de historia y energía superlativa que posee todo el ADN de esta ciudad.
Sentado con mi esposa entre el público, avisaron la salida de los estudiantes, escuchando la mítica música de Frank Sinatra. El entusiasmo se apoderó de mí al verlo desfilar por el escenario vestido con su toga, su birrete y su estola, púrpuras.
Pasó por mi vida en segundos la proyección total de una película espiritual desde su niñez hasta la actualidad. Un sentimiento de agradecimiento se apoderó de mí, hasta cuando lo ví detenidamente y percaté que en su estola llevaba puesta con orgullo una bandera de Colombia.
En ese momento me rompí. Una lágrima se deslizó sin permiso por mi cara. Un ciclo de la vida se cumplía, pero sobretodo se conectaba a través de esta sagrada tricolor que alguna vez levanté y que ahora elevaba mi alma hasta lo más alto del corazón.
Gracias hijo...
Gracias familia...
Gracias Colombia.