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Una de las campañas mas exitosas que tiene Colombia es la de Davivienda. El concepto de lugar equivocado logró trascender la dimension de la publicidad e insertarse en la categoría de la vida. Y hacer parte del lenguaje coloquial es el reto mayor para una marca.
Esta campaña, que adicionalmente tiene al humor y a la vida cotidiana como sus pilares, viene desarrollándose con una palabra clave: consistencia. Desde 1994 se construye de manera constante, sorprendente y clara.
Cada período de tiempo nos reunimos con el cliente y analizamos el hall de la fama de estos comerciales. Y de cada uno se podría contar una historia: que el del vestier, que el del perro, que el de la señorita Tatiana.
Pero hoy quiero hablar del que sin duda está en el tope de la lista de los mas famosos. El comercial del viejito.
Aquel anciano que tiernamente lee una revista pornográfica, y al pasar las páginas se expresa de manera divertida con: “Mamita, mamita”, hasta que sorpresivamente cambia de mamita a mijita, y muy decepcionado cierra la revista y se marcha.
La idea original que tuvimos partió de un viejo que estaba en un strep tease. Miraba una atractiva mujer bailando de espaldas en un tubo. Ella se volteaba y él se daba cuenta que era... su hija. De ahí comenzamos a trabajar con una obsesión que siempre llevo conmigo: la simplicidad. En lo simple está lo más poderoso.
Hasta que después de limpiar, pulir y eliminar, llegamos a una imagen contundente. El viejo en una librería mirando y describiendo una revista pornográfica. Emocionados viajamos a Chile a filmarlo. Pero una imagen que parecía tan simple fue difícil de lograr, ya que era muy fácil caer en un viejo verde y repugnante. Filmamos escenas y escenas y no encontrábamos lo que queríamos. Cambiamos varias veces de actor, agotamos todo el casting.
Ya a las 12 de la noche nos disponíamos a cortar y empezar de nuevo al otro día. De repente un asistente me dijo: “Oiga, mi abuelo está estudiando teatro y creo que sería perfecto. Si quiere lo llamo ya y le pregunto”.
Pues el abuelo se emocionó tanto que llegó a los cinco minutos en piyama y con una chaqueta encima.
Le expliqué la idea y se lanzó a esa hora a intentarlo. Ante la mirada escéptica de un equipo exhausto me dijo: déjeme probarlo una vez.
Fue increible, en una toma única lo logró, lo superó, lo volvió magia. ‘Mamita, mamita, mijita’, había nacido.
