Soy un creyente del valor de la simplicidad en el mundo de la comunicación y en la vida misma.
Más siempre es menos. Menos siempre es más.
Pero como toda regla tiene su excepción y toda tesis tiene su antítesis, una compañía de empleos por internet en Estados Unidos decidió poner su cuenta de publicidad en disputa entre varias y reconocidas agencias creativas, entre las cuales nos encontrábamos nosotros.
En búsqueda de la idea ganadora, empezamos a pensar qué hacer y cómo acercarnos al tema de manera diferente y atractiva, pues todos nuestros competidores eran muy buenos y llegarían con ideas excelentes.
La nuestra debería tener el poder de mover la decisión a otro terreno, otra dimensión de análisis, propia de nuestro alcance y pensamiento, salirnos de una posible comparación subjetiva de campanas publicitarias.
Finalmente, no la jugamos con riesgo y valentía.
En vez de llevar una campana publicitaria tradicional decidimos que cada persona de los mil empleados que trabajábamos en la oficina mandaríamos nuestra petición de empleo individual a la compañía buscadora de empleo.
Recibieron así por internet mil hojas de vida de cada uno de nosotros con mil peticiones de empleo, pero cada uno con la misma petición: que nos emplearan para manejarles su marca y su campaña publicitaria. Más peticiones no pudimos mandar, pero más conmovido y emocionado el cliente tampoco pudo estar.
Demostramos que para manejar un negocio se necesita más que un chispazo creativo; se necesita un propósito, una fuerza humana, un compromiso y un gran pensamiento. El que piensa gana. Esta vez probamos que las excepciones funcionan. Comprobamos que a veces más es más. Luego vino el resto.