Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
Es indudable que a medida que los años pasan el tiempo anda más rápido. Aun recuerdo como si fuera ayer cuando comencé en el negocio de la publicidad como practicante universitario en Bogotá.
Y de ahí en adelante siento que las cosas en mi vida vienen sucediendo cada vez con mayor velocidad.
Comienza otro año y como siempre la memoria y los recuerdos invaden la mente frente a planes y proyectos. Fluyen por mi cabeza tantas fotografías familiares, colegiales, universitarias y laborales.
Desfilan también tantas personas, ciudades, pueblos, países, campo, urbe y climas. Pero como soy un creativo publicitario y mi trabajo siempre radica en sorprender, quiero contarles la historia de un año nuevo que a mí me sorprendió. Pienso que aun es momento para hacerlo.
Remitámonos a la tierra del gran William Wallace, la tierra de la nostalgia y la libertad: Escocia. Sin duda uno de mis países favoritos en el mundo.
Llegue a la gran Edimburgo para pasar el 31 de diciembre. Esa noche, con un frio insoportable, en medio de una ciudad mágica e histórica, nos dijeron que saliéramos a la calle Princess, donde se realizarían muchos eventos teatrales y musicales de manera abierta y pública.
Allá llegamos en medio de muchísima gente. Varios kilómetros de esa calle estaban literalmente tomados por medio millón de personas y ahí nos entretuvimos toda la noche hasta que llegaron las esperadas 12.
Fuegos artificiales. Feliz año y nos abrazamos efusivamente. Cuando de repente una mujer desconocida que venía caminando me grito , happy new year, se me acercó y sorpresivamente me beso en la boca. Debió haber sido una equivocación, pensé. Pero no. Ahí mismo llegó otra, pronunció las mismas" palabras mágicas" y también me besó profundamente. Y así otra y otra. Era el paraíso. Mire alrededor y miles de personas se estaban besando. Yo empecé a caminar, vi a una mujer que me gusto le dije happy new year y también la besé.
Nunca en mi vida había visto una fiesta de besos tan impresionante y multitudinaria como aquella en Edimburgo. Besos largos, besos cortos, besos con lengua, besos sin lengua. En conclusión, un menú muy completo . Incluso hice cuentas esa noche de haber besado y haber sido besado por más de cincuenta mujeres.Las pantallas gigantes de video en la calle anunciaban "bese a un policía".
Los agentes se paraban, las mujeres hacían fila y los iban besando en la boca una por una. Esa sorpresa duró hasta las cuatro de la mañana. Desde la búsqueda desenfrenada del beso hasta su agotamiento.
Pasó otro año nuevo y quería compartir el secreto de estas palabras mágicas que conocí en Escocia. Una pócima sensorial que sin duda sorprende y alegra la vida.
