Publicidad

Cartas

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Juan David Correa Ulloa
19 de diciembre de 2008 - 01:17 a. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

Desde hace casi quince años el mail ha reemplazado a la carta, uno de los géneros literarios por excelencia.

La carta, aquella que se escribía a mano, en la cual el escritor invertía un tiempo y un espacio determinados, no es sino un recuerdo de una era en la que la pantalla no era ese poderoso artefacto que ha reemplazado a cualquier otro tipo de comunicación. Las cartas tenían procedencias y fechas y uno se fijaba en ello. Decían y contaban las cosas que sus autores estaban viviendo en un tiempo que, para el receptor, ya no era sino un pasado posible gracias al papel.

Hace pocos días recibí un libro llamado Cartas a la persistencia. Se trata de uno de los pequeños y bellamente editados volúmenes que conforman la colección Libro al viento que se reparte en las estaciones de Transmilenio de Bogotá, y en lugares como los Paraderos Paralibros Paraparques que se encuentran en 50 parques de la ciudad. Esas cartas, editadas y curadas por María Ospina Pizano, en el marco de un programa de la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República que buscó, a través de una convocatoria pública, invitar a cualquier colombiano a escribir una carta dirigida a quien quisiera, con el tema que su voluntad le dictara, conforman este corto librito que bien puede convertirse en una manera de “persistir en la memoria”, al decir de su editora.

¿Y cómo persisten sus autores? A través de siete grandes ejes temáticos los escribientes se ocupan del trabajo y la rutina; de los muertos; cartas escritas por niños; cartas de enamorados o amigos; cartas sobre el viaje y la ausencia y cartas sobre el conflicto y la violencia armada en Colombia. Esas cartas nos dicen cosas de un país que muchas veces pasamos por alto. Un país que necesita escribir para contar su desgracia o su alegría, para hacerse escuchar.

El valor de estos textos trasciende lo meramente estilístico o formal y reside en que son algunas de las 5.400 voces que participaron en una experiencia digna de comentar. En cada una de ellas está la voz de alguien que ha sido capaz de pasar de la memoria a la escritura para dejar testimonio de algo importante. Así lo escribe Ángela Pérez, subgerente del Banco de la República en el epílogo: “Las cartas son un hilo tenue entre los secuestrados y sus familias, la posibilidad de recordar a los muertos y ausentes por la guerra, al que no quiso hablarnos más; la opción de dejar constancia del perdón, el testimonio de formas de sentir y resistir propias de nuestro tiempo”.

‘Cartas a la persistencia’, Alcaldía Mayor de Bogotá, Libro al viento.

ojoalahoj@yahoo.com

Conoce más

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.