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Clase media

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Juan David Correa Ulloa
14 de mayo de 2010 - 03:13 a. m.
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Antonio García Ángel es un escritor consciente de que el humor es una de sus fortalezas.

Escribir con humor es una tarea ardua y lograr que sea un elemento constante en lo escrito, y no sólo una ocasional caricatura de lo popular, no es evidente. Desde que publicó su primera novela, Su casa es mi casa, García dio muestras de un cierto desparpajo al asumir su oficio. Aquella primera novela era algo confusa y errática pero García insistió en lo suyo y el resultado fue Recursos humanos, su segunda novela, en la cual su prosa ganó en sencillez, y el humor brilló: el argumento y los personajes son notables en esa comedia de enredos sobre un jefe de personal y sus pesadillas cotidianas.

El tema de los libros de García es la clase media, si esas generalizaciones sirven de algo. Sus personajes pertenecen a esa franja de población, minoritaria en Colombia, y tan desigual en sus aspiraciones, elecciones y percepciones del mundo que es imposible de rotular. He ahí una de las virtudes de Animales domésticos, primer libro de cuentos del escritor que, a mi modo de ver, ha ido consiguiendo un estilo muy suyo, que no es cosa fácil. El libro está dividido en tres partes: Trapecistas, que incluye cuatro cuentos, a saber, “Nuestro Melrose”, un cuento generacional sobre los noventa de un profesor iniciándose en la vida laboral y amorosa que cae rendido a los pies de una alumna que no le para bolas; “Números redondos”, un diálogo muy logrado de dos amantes que cuentan las veces que han estado juntos; “Gordito”, un despiadado retrato de un buen hombre que se encuentra con dos jovencitas que se aprovechan de su buena educación y “Retrato de familia con Papá Noel”, una pieza de equívocos en la cual tres hombres disfrazados de Papá Noel roban un banco el día de Navidad. La apertura es interesante, y la técnica de los cuentos indudable: García es un narrador de oficio que conoce sus argumentos y se pasea por ellos con destreza.

La segunda parte se llama Testigos. Se abre con “El gran Rafa”, o la historia de una vida de una niña que se vuelve mujer extrañando a un padre calavera que se entromete en la vida de la familia; y “Bobby”, un relato muy logrado en el cual dos niños incurren en una falta mayor con su sobrino y cometen un acto inocente y brutal que los hará culpables para siempre. Y una tercera y última parte, una suerte de nouvelle de ochenta páginas que le da título al libro, Animales domésticos, que me sorprendió por el tono, la historia y el personaje. García logró hablar desde un punto de vista muy poco abordado en la literatura colombiana, a pesar de que está muy presente en nuestra idiosincrasia —de clase media, también— y es el de las empleadas domésticas logrando un retrato despiadado de la inmigración, del arribismo, en fin, de este país que nos tocó en suerte.

‘Animales domésticos’, Antonio García Ángel, Norma.ojoalahoj@yahoo.com

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