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Insomnio

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Juan David Correa Ulloa
03 de octubre de 2008 - 01:04 a. m.
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Me olvidé de Paul Auster cuando sentí que sus libros acudían una y otra vez a las mismas trampas literarias. Y digo trampas, porque lo que en un comienzo me parecía deslumbrante —La trilogía de Nueva York, La música del azar, El palacio de la luna—, con el tiempo se convirtió en un estratagema calculado en el que sobraba artificio y faltaba mucha vida.

Ahora, en este 2008, se ha anunciado con mucho bombo la aparición de una nueva novela tras el fallido estreno de La vida secreta de Martin Frost, una película de discreto recibo, y una novela que era más divertimento que literatura, Viajes por el scriptorium.

Así que abrí con muchas sospechas Un hombre en la oscuridad. Se trata de una novela breve que sin ser una de sus mejores obras, lo muestra algo cansado de repetirse y mucho más vivo que nunca. La historia es la del crítico literario August Brill, que ya en la setentena vive con su hija Miriam y su nieta Katya, en una suerte de retiro forzoso causado por varias tragedias familiares: un accidente de auto que le destrozó la pierna izquierda, la pérdida de su esposa Sonia con quien vivió 41 años, la muerte también del novio de su nieta en Irak y el divorcio de su hija Miriam. ¿Qué hace un hombre cuando comprende que debe o no puede, más bien, dejar de pasar revista a su vida? La respuesta, para August Brill, aparece en un insomnio: inventar. Inventar historias para huir del propio dolor y agenciárselo a personajes imaginados.

Lo que al principio parece sólo una trampa literaria más, o una simple reescritura de La vida es sueño de Calderón de la Barca, con las páginas cobra una intensidad notable. La idea, para Brill, es paliar el insomnio imaginando a un tal Owen Brick, mago, casado con una argentina, que un buen día, tras un sueño intranquilo, aparece convertido en soldado. Ese soldado que no comprende nada debe cumplir una misión: matar a un hombre. Así, las dos tramas se suceden de manera paralela hasta hacerlo a uno pensar que, una vez más, Auster lanzará los dados sobre la misma mesa de siempre.

Pero algo ocurre, algo mucho más hondo que la idea de saber quién sueña a quién, cuál es la verdadera realidad o cómo el azar termina por reunirnos con quien menos imaginamos. Y aunque no voy a arruinar la lectura de la novela, diré que, en esta ocasión, Auster no remata con esa redondez tan antiséptica y acomodaticia de relatos anteriores.

August Brill es uno de esos personajes entrañables que, con los ojos abiertos en la gran noche americana, intenta comprender su vida. Intenta darse explicaciones sobre cada desencuentro y cada despedida y cada infidelidad. Y así, despierto mientras amanece, uno concluye que la literatura, cuando es honesta, siempre revela las verdades más íntimas de los hombres.

Un hombre en la oscuridad, Paul Auster, Anagrama.

ojoalahoj@yahoo.com

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