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Las treinta primeras páginas de El triunfo de la muerte, segunda novela del cineasta y escritor Mauricio Bonnett, son tan perturbadoras que después de leerlas, uno no quiere soltar el libro.
No se trata sólo de desvelar un misterio, ni de encontrar culpables en una novela que algunos han definido como un thriller intelectual. Me parece que estamos ante un texto que nos enfrenta a un dilema moral: ¿cuánto pesa la muerte? Y por esa sencilla razón, uno no se detiene.
El tema, que no es original y hace parte del imaginario de la literatura occidental, está tan bien explotado por el narrador que no me cabe duda de que Bonnett es uno de los escritores a los que habría que tener en cuenta a la hora de hablar de nuestra literatura contemporánea.
La historia es la de Mateo Barragán, un inmigrante colombiano radicado en Londres, y la de Gabriela, una estudiante perdida en la misma ciudad por causa de una historia familiar dolorosa. Los dos son las caras de una misma moneda: Gabriela, para costearse sus estudios, decide ofrecerse como niñera. Así llega a la casa de los Barragán, contratada por Sylvia, su esposa, quien después de una discusión marital, la recibe una tarde cualquiera para que se haga cargo de sus hijos gemelos. Pero Gabriela odia los niños. Y en un descuido, uno de los dos niños se resbala en la bañera y muere instantáneamente. Gabriela huye. Sylvia regresa, encuentra el cadáver y termina, también, muerta. Esas son las treinta primeras páginas. Por eso me arriesgo a resumirlas. Porque lo que viene de ahí en adelante es el relato del destino de las dos vidas que quedan suspendidas y sus respectivas reflexiones sobre la muerte. Ambos están muriendo lentamente de remordimiento; ambos exploran en sus respectivos oficios —ella escribe una tesis sobre el Memento mori, él escribe una biografía sobre los últimos días de Franz Schubert—; ambos provienen de un país arribista que los ha convertido en extranjeros de sí mismos; ambos son dos seres que necesitan encontrarse para expiar la culpa.
Y en ese discurrir, Bonnett da muestra de un gran talento como narrador, además de una búsqueda estética que le permite cuidar el lenguaje, hacerlo decir lo que acaso no se puede decir cuando se habla de la muerte. La ciudad, las reflexiones de sus personajes, la intensidad de su prosa, son suficientes para quedar enganchado en este drama moral. Acaso, el autor subvaloró ese material e incluyó un epílogo que sobra por completo, que no añade sino que quita, pero esas dos páginas, estoy convencido, no arruinan una de las buenas novelas de este año.
El triunfo de la muerte, Mauricio Bonnett, Norma.
