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La voluntad de contar

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Juan David Correa Ulloa
16 de abril de 2010 - 03:34 a. m.
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Hace 16 años murió Julio Ramón Ribeyro acaso uno de los escritores más silenciosos y discretos que ha producido América Latina en los últimos cien años.

La suya fue una vocación constante y callada que durante años nos fue regalando relatos que son piezas que conforman el gran rompecabezas de lo que sería el hombre latinoamericano medio del siglo XX. Pero no cualquier hombre: el hombre de a pie, el cobrador, el gasfitero, el ladrón, el tipo de los márgenes que no sobresale, sino que es, apenas, una mancha gris. O el escritor alejado del mundo en sus últimos relatos. O el expatriado que malvive en el viejo mundo mientras añora el pasado dejado atrás.

Bajo el título La palabra del mudo la editorial Seix Barral ha editado la totalidad de los cuentos de Ribeyro haciendo justicia poética con un hombre cuyos libros no eran fáciles de conseguir o se encontraban agotados. En estos dos extensos volúmenes se demuestra algo que los fervientes lectores del peruano sabían hace tiempo: que era un escritor con una voluntad de contar, sin artilugios ni digresiones, los instantes de la vida de sus personajes. Y eso, creo, no es una tarea menor.

El relato que abre el libro parece ser su propia poética: se llama La vida gris y se ocupa de nombrar en apenas tres páginas cómo un hombre nace, crece, no se reproduce, y muere sin haber dejado ninguna huella en este mundo. De ahí en adelante, cada cuento de Ribeyro nos confirma por qué ese hombre que migró a París en 1960 para hacerse a una vida alejada de los grandes focos publicitarios de la literatura, es uno de los más poderosos narradores de los que se hayan tenido noticias en América Latina. Y no es poca cosa si entendemos que el cuento ha sido un género cultivado por grandes nombres de nuestra geografía entre quienes sobresalen Julio Cortázar, Juan Carlos Onetti o Rubem Fonseca, por nombrar solo algunos.

Lo sorprendente de este libro es que recupera a un escritor no mayoritario que es hora de que se convierta en lectura para todos. Sus relatos responden a las premisas de todo gran cuentista: contar una historia requiere del genio de saber que lo real debe parecer inventado, y lo inventado real, para que un relato funcione. Y créanme que en el caso de Ribeyro eso siempre se cumple.

 

La palabra del mudo, Julio Ramón Ribeyro, Seix Barral.

ojoalahoj@yahoo.com

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