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Hacía varios años que el Premio Alfaguara no recompensaba una novela que me interesara.
Lo digo sin timidez pues las tramas de Andrés Neuman, Antonio Orlando Rodríguez y Luis Leante, los tres ganadores anteriores, me parecieron sosas y me dejaron a la mitad de camino como un lector cansado de andar por prosas manieristas y algo anacrónicas. Abril rojo, la estupenda novela del peruano Santiago Roncagliolo, fue la última de las novelas de ese premio que leí con fruición.
Ahora, en 2010, el nombre de Hernán Rivera Letelier ha entrado, me parece, en el de aquellos ganadores de un premio refundado en 1998 que quedarán para los lectores del futuro. Este chileno de 60 años acaba de presentar en Bogotá El arte de la resurrección, una novela escrita con un ritmo tremolante que me recuerda a escritores como Osvaldo Soriano, Manuel Puig o Alfredo Bryce Echenique. La suya es la historia de Domingo Zárate, conocido como El Cristo de Elqui, un valle ubicado cerca a la ciudad de La Serena; un personaje real que existió en los años treinta y cuarenta y quien, como un Jesús redivivo, se internó en el desierto para llevar su sermón a los desposeídos.
La anécdota en sí misma pertenece al almanaque de los variopintos personajes latinoamericanos que se han convertido en materia novelable. Sin embargo, la virtud principal de la trama es que Rivera Letelier ha echado mano de un estilo tan poderoso para contarnos una historia que bien podría asemejarse a la del Quijote –las peripecias un hombre que sale a recorrer el desierto convencido de que es Jesucristo- para, a través de él, dar cuenta de una geografía y una topología propias, en las cuales uno siente el paisaje interior y exterior de los personajes. Domingo Zárate es una especie de conciencia de su época. A través de su absurda empresa que consiste en predicar la palabra de Dios, hacer milagros jamás comprobados, y prometer que volará como un ave, asistimos a las huelgas mineras de los años cuarenta, al desierto chileno como un territorio equiparable a nuestra selva, en el cual la barbarie reina según el centralista imaginario de nuestros gobernantes. En esa tierra de nadie, Domingo o El Cristo, se cruza con una serie de personajes entrañables: una puta con devoción de santa, llamada Magalena Mercado; un loco que barre la pampa como oficio, de nombre Anónimo; una serie de habitantes borrachos, perdidos, y extraños, que pertenecen a un país rural olvidado por la élite.
El arte de la resurrección es una novela hilarante pero en el fondo triste. Una comedia con motor de tragedia.
El arte de la resurrección, Hernán Rivera Letelier, Alfaguara.ojoalahoj@yahoo.com
