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Siembra vientos…

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Juan David Correa Ulloa
30 de abril de 2010 - 03:58 a. m.
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Hace pocos días apareció una nueva serie de libros de la colección Libro al Viento, de la Secretaría de Cultura de Bogotá y la Alcaldía Mayor de la ciudad.

Los libros están dedicados a tres personajes de la Independencia de quienes la mayoría tiene nociones aunque poco se lea sobre ellos. He ahí el valor de las biografías de Eduardo Escallón, quien escribió ¡Soy Caldas!, sobre Francisco José de Caldas; de Beatriz Helena Robledo, quien se le midió a Viva la Pola, sobre Policarpa Salavarrieta, y de Stefan Pohl con La antorcha brillante, sobre don Antonio Nariño.

Los tres son libros muy bien escritos y documentados por los que se pasea el lector no sólo a través de datos historiográficos, sino que cuentan y perfilan tres personajes de los muchos que saldrán al baile en esta celebración del Bicentenario de la Independencia. Su principal virtud, me parece, es que actualizan para los lectores una sucesión de hitos de nuestra historia y esbozan labores y vidas no siempre heroicas sino, también, profundamente humanas.

Pensando en escribir sobre ellos, después de leerlos, se me ocurrió que, además de celebrarlos y recomendarlos a cualquiera que quiera entrar en tres vidas fascinantes de una manera no exhaustiva, me quedé pensando en cómo, después de cinco años, este esfuerzo de poner libros en las manos de millones de bogotanos es más que loable.

Libro al Viento ha sido capaz de ir más allá de la demagogia de los indicadores, en una tarea persistente, publicando sesenta y cuatro títulos en tirajes que están entre los 25.000 y 100.000 libros. Lo interesante, en contra de quienes opinan que el Estado no está para ser editor, es que esta experiencia masiva ha puesto a circular el libro de mano en mano, ajena y silenciosamente, abriéndose espacio en lugares como las Biblioestaciones de Transmilenio, los parques bogotanos, con sus Paraderos para Libros para Parques, los Supercades, en donde la espera se hace menos penosa cuando hay qué leer y algunos hospitales de la ciudad que cuentan con salas de lectura, así como las bibliotecas públicas. Que Libro al Viento, que Caldas, La Pola, y Nariño se sumen a los cuentos de Chéjov, Hoffmann, Edgar Allan Poe; a los poemas de Miguel Hernández, Sor Juana Inés; a los textos de escritores colombianos como Cordovez Moure, o Héctor Abad, me hace pensar en que esta singular revolución, la de poner al alcance de la mano de la gente libros, buenos libros, dará como resultado aquello que dice el dicho con el cual titulé esta columna: siembra vientos y cosecharás tempestades. Para eso, creo yo, sirven los libros, para producir tormentas de ciudadanos críticos. Y eso es algo que hace tiempo necesitamos.

Libro al Viento puede conseguirse en las Biblioestaciones de Transmilenio.

ojoalahoj@yahoo.com

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