No llenan plazas, no comunican, no entienden el tiempo desbordado de siglos y décadas de exclusión que aún no aceptan por afasia y soberbia. No pueden avanzar en las encuestas hasta los números ideales del optimismo, no tienen los recursos reales para tranquilizar las presiones de sus inversores. Por eso deben acudir al último recurso de la falsedad y del efectismo ante un posible escenario apocalíptico que los dejaría sin margen de dominio en los órganos de control que les han permitido el sueño tranquilo, aunque no sea precisa y exactamente el sueño de los justos.
La campaña de Federico Gutiérrez, de tumbo en tumbo, ha tenido que...
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