Publicidad

De Roux en El Ubérrimo

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Juan David Ochoa
21 de agosto de 2021 - 05:00 a. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

Uribe entregó declaraciones ante Francisco de Roux en una puesta en escena predecible para quien solo tiene a su favor el poder de una imagen prefabricada desde sus inicios en el poder: la imagen de la imponencia que nunca cede, la imagen del prohombre indomable, la imagen de la fiereza que decide hablar por ciclos serenos para doblegar después a su interlocutor con la extravagancia de su carácter.

Francisco de Roux hizo su trabajo, obviando lo que sabía que iba a suceder en los terrenos del hombre con delirios de patriarca inmortal que recibe a los protagonistas del nuevo tiempo en sus dominios. Pero la puesta en escena, la mesa larga y atravesada en el encuadre que solo deja ver a sus acompañantes en los ángulos de sillas inferiores en tamaño a la silla central, es una obviedad entre la historia conocida de su oficina de comunicaciones dispuesta siempre a los efectos y a los impactos contra la razón. La escena sucede a 8 meses de las elecciones en que intentarán retomar, una vez más, el poder en un país que ya no pueden convencer entre contextos reales. Por eso deben acudir, con todas las formas posibles de la alternancia, a la crudeza visual de un poderío desde las formas más simples y genéricas: los predios infinitos de una hacienda en que habita un hombre con voz delicada y una indumentaria campesina y cercana, dirigiendo el tiempo y la historia desde su resguardo romántico con tropas de seguridad que vigilan sus últimos años con la inversión y el aparataje estatal de un tiempo de guerra que ya no existe, mientras el presidente de papel solo trabaja para responder ruedas de prensa acorde a los guiones programados y los ministros viajan desde Bogotá a la hacienda del misterio para responder por los avances prometidos.

Toda esa imagen cosmética del poder se comunica entre las líneas del silencio de ese encuadre visual en que Álvaro Uribe habla para no declarar nada serio. No hay reconocimiento de responsabilidad política en las catástrofes humanas de su Gobierno, ni una declaración racional de las consecuencias prácticas de sus decisiones, ni una mínima aceptación del error, salvo para culpar a sus subalternos que antes había defendido mientras la altura moral de los tiempos le permitían hacerlo contra todas las evidencias. El general Mario Montoya Uribe había declarado curiosamente una versión alterna de los hechos al tildar de ignorantes a los soldados por no entender la claridad de las instrucciones humanistas del mando. Uribe ahora les entrega toda la altura del dolo al encubrirle los hechos que hicieron con voluntad y con sevicia a espaldas del extremo poder con el que dirigía las brigadas. El mismísimo Rito Alejo del Río diría años después de los hechos y sin evasivas que el entonces presidente Uribe fatigaba a sus generales con seguimientos patológicos de sus acciones, que se montaba en los helicópteros para coordinar por sus propios medios la logística de los combates, y que nada podía hacerse sin los consentimientos de su obsesión. Por eso resulta totalmente inverosímil que 6.402 crímenes de guerra se hayan cometido con tanta ligereza y se hayan acumulado sin ningún control hasta alcanzar esa cifra demencial que desborda todos los antecedentes conocidos de la historia reciente del mundo.

Conoce más

 

Gonzalo(03064)24 de agosto de 2021 - 08:39 p. m.
Lo peor que ha tenido el país en los últimos 50 años. Qué desgracia tener que seguir aguantándolo y seguir viendo tantos muertos, desaparecidos y torturados solo por tenerlo contento.
Fernando(61497)22 de agosto de 2021 - 05:44 p. m.
Uribe cuando se ve contra las cuerdas acude a su famosa versión "B", en la que aduce una supuesta ingenuidad e incompetencia, pero cubierta con el velo de abuso por parte de subordinados, a la fe y confianza depositada por este hombre "probo". Solo estúpidos e infames creen tal falacia.
MARIO(jbw8b)22 de agosto de 2021 - 05:33 p. m.
Otro mamerto más a la imparable lista de zurdos de EE. Que lástima. Este solía ser un buen periódico, pero ahora está peor que VOZ
JULIO(29809)22 de agosto de 2021 - 02:59 p. m.
Hitler - Uribe, icónico alter ego, autoritarios, vengativos, intransigentes, insensibles, abusivos, enanos física y moralmente. Señores de la muerte.
jairo(7137)22 de agosto de 2021 - 02:46 a. m.
El capitulo 5 de matarife lo dice todo. Ahí esta la esencia del perverso Matarife.
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.