Publicidad
13 Aug 2022 - 5:00 a. m.

Libreto de un fracaso

Desde que Richard Nixon declaró la guerra total contra las drogas en 1971, anunciando en un lenguaje estrictamente policial el objetivo de la persecución contra el enemigo principal de la nación, el libreto del fracasado ha sido cumplido ininterrumpidamente en Colombia, principal productor de drogas del mundo, con todos los muertos lanzados al absurdo de un fenómeno sin fin. Una catástrofe humanitaria que ha querido invisibilizarse bajo la solemnidad de un objetivo político, dirigido y coordinado por la potencia que hecho de sus obsesiones un mecanismo de presión con la saga de gobiernos indolentes que han trabajado también para sus propios réditos, sin que importen nunca y demasiado las cifras demenciales de la tragedia alterna; una solución más destructiva que las víctimas del consumo.

Los gobiernos han querido entregarle a los republicanos y demócratas, según sus periodos sucesivos en el poder, los alias y los peces gordos capturados por las fuerzas especiales de sus compromisos adquiridos. Nombres y capos que han sido infinitamente sucedidos por subalternos y lugartenientes multiplicados en las estructuras que han aparecido al mismo ritmo de las ganancias abultadas que el negocio sigue generando mientras persista en la sombra. Los escurridizos jefes del mercado han entendido progresivamente que la visibilidad de los antiguos carteles, con rostros, lujos encandilantes y espíritus ultravengativos, es la estrategia directa al suicidio y al rápido final de sus imperios, y han ajustado todas las tácticas de la mafia a las microestructuras del tráfico silencioso, con reducciones de alianzas y proveedores para impedir las altas probabilidades del seguimiento, mientras las fuerzas del orden intentan combatirlas con las tácticas tradicionales de una orden injustificada de persecución eterna y sin resultados contundentes. Los cultivos ilícitos tienen aún la complejidad de la demanda contra la ausencia prolongada de un Estado que dejó a las comunidades a la suerte del provecho de los contextos abiertos durante todas las décadas en que el auge del mercado internacional acaparó todos los frentes de su subsistencia entre cultivos sobre tierras ajenas. Son ellos, los más vulnerables de la espiral indiferente y justiciera de la persecución, las víctimas sin voz de un estado penal punitivo y sumiso al capricho de la obsesión del norte que no declina para no ceder ante la idea definitiva de la derrota.

Síguenos en Google Noticias
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta política.