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Gustavo Petro se sentará el próximo 7 de agosto en el trono de Nariño; una imagen revolucionaria frente a una larga historia feudal que había prolongado las prácticas de la Colonia hasta lo imposible y lo impensable: el predominio del poder y el blindaje de sus pactos antiguos, la ligereza y la burla sobre una Constitución de papel , el distanciamiento del Estado con los territorios, la prolongada comodidad de la burocracia entre la ineptitud y la improvisación sin supervisiones, la soberbia del delirio antiguo de los criollos que se creyeron siempre merecedores de una investidura por los designios de la divinidad. Toda esa larga...

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