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Sin discurso

Juan David Ochoa

09 de octubre de 2021 - 12:00 a. m.

Los precandidatos del Centro Democrático, sin contexto ni discurso y con el mundo transformado y lejos de sus viejos esquemas sectarios del poder, salen a escena preelectoral con sonrisas cosméticas, con sombreros de disfraz, con vestuarios efectistas para el público que quieren cooptar en la nueva temporada de estrategias falsas para el único fin decisivo: el sostenimiento del dominio para el cuidado de las instituciones a su favor. Sus destinos dependen del control permanente del paradigma uribista de la legalidad desde los cargos definitivos. Para lograrlo, una vez más, deben traicionar su cacareada muletilla de insulto contra el “discurso populista” para ejercerlo sin pudor y sin vergüenza, aunque se enteren todos que están haciendo lo mismo que sus enemigos políticos en la carrera indigna y desesperada por el poder.

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El precandidato Alirio Barrera, exgobernador del Casanare y repetidor de todos los clichés imponentes de su secta, aparece en todas las tarimas con sombrero simbólico de casta con fuerza, y con puño levantado y ceño fruncido de solemnidad repite que la seguridad es el único camino y la única opción, y que tiene toda la experiencia para hacer de esta historia una nueva era de confianza. Nada nuevo y nada trascendental. Nada distinto a esa teoría reduccionista de la defensa contra los males endémicos de un país empantanado en la corrupción absoluta y en el resentimiento cíclico. No tienen contextos ni discursos pensados ante el colapso social que los señala como únicos culpables directos por haber dirigido el tiempo en los últimos 20 años sin que nada suceda más allá del colapso progresivo. Si no les resulta la supuesta imagen renovada de Barrera, tendrán la opción alterna de Oscar Iván Zuluaga para fomentar la vieja riña emocional de su pérdida en las elecciones contra Juan Manuel Santos por la también supuesta compra de la Registraduría en la última palabra del poder para su archienemigo de traiciones.

Lo harán, una vez más desde las emociones, como han sabido lograrlo todo en un país acéfalo y volcado a la furia y al rencor que han capitalizado desde siempre en todas sus campañas. Por eso tienen también entre sus cartas a María Fernanda Cabal, lanzando vulgaridades y babazas de odio a discreción en todos los medios para alentar ese bastión fiel que les queda entre el fanatismo elemental y el radicalismo. Usan todos los frentes posibles para reiniciar el poder entre sus filas y extender los favores recibidos con los nombramientos que han formalizado en los últimos tiempos como una táctica eficaz de custodia. Sin discurso, no les queda más que el disfraz permanente y el populismo más torpe para continuar en el próximo plazo que necesitan. Deben contener las cuentas pendientes de la justicia que los sigue llamando en fila a responder por todos los prontuarios y por todas las implicaciones en los casos de alta gravedad que los testigos siguen reafirmando sin que exista una institución que los escuche. Reiniciar el tiempo les permitirá seguir cubriendo la historia con el manto sagrado y marcial del silencio.

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