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27 Aug 2022 - 5:00 a. m.

Taras ministeriales

El gabinete ministerial de Petro no termina por cerrar el total de sus nombramientos, y quien aspiraba al ministerio TIC, Mery Gutiérrez, ha quedado en el aire después de las públicas taras sobre su nombre; cuota y lobby del partido de la U que deberá esperar su reemplazo por otro nombre entre la baraja interna de los postulados. El ministerio ya arrastra con el aura del saqueo monumental ante el programa de Centros Poblados, y con la retórica amplia de proyectos de tecnología que pueden ser siempre ambiciosos sin que el presupuesto real tenga la estructura visible para la confianza suficiente en los tiempos del cumplimiento. 70 mil millones aun siguen perdidos sin que los implicados respondan ante la gravedad y frente a una Fiscalía que sigue prolongado el silencio de la custodia. Una exigencia sobre un ministerio con altas expectativas y seguimientos para un Gobierno que ha llegado al poder con lemas de renovación contra las tradiciones impúdicas del uso de recursos públicos en la tranza de favores políticos.

El ministerio de Transporte tiene ahora el peso del escándalo después del nombramiento oficial de Guillermo Reyes. Su nombre ya estaba en entredicho mucho tiempo antes de su postulación, y mucho antes del traspaso del poder que ahora ha permitido el cisma y la caída de los burócratas de profesión que esperaban siempre el tiempo de los nombramientos como carroñeros estáticos al borde del Palacio. Pero Reyes se sostuvo intacto entre el espanto de todas las corbatas sin mérito, y aunque las pruebas por plagio en su contra seguían acumulándose con evidencias y pruebas reinas, parecía llegar, directo y sin interrupciones, al ministerio de Justicia como un pacto intocable a una cartera de grandes intereses. El revuelo y los escándalos de su nombre al frente de un despacho que ostenta la pulcritud de lo justo lo llevaron al margen de los más insonoros e invisibles: un cargo sin demasiados reflectores y al frente del transporte de un país que espera más del azar que de sus vías, y más de la improvisación que de su infraestructura. Siendo cuota de los conservadores, adheridos al Pacto Histórico por conveniencia (nunca pierden su tradición) no podía quedar en el aire y en el vacío bajo el poder de una presidencia que debe equilibrarse, también por conveniencia, a las presiones de las bancadas que aprobarán los proyectos en las votaciones del Congreso. La negociación imposible para tener otro nombre menos oscuro al frente del ministerio no pudo concretarse a falta de mejores perfiles entre los conservadores y su larga estela de politicastros sin mayores renombres más allá de la vergüenza.

Ahí quedará, empotrado bajo las nuevas denuncias y las sombras, el ministro que seguirá haciendo el gesto solemne de la rectitud eterna, y amenazando con denunciar penalmente a quienes se atrevan a insistir en el historial de plagios, como lo ha hecho recientemente contra el jurista y columnista de este diario Rodrigo Uprimny.

Mientras el escándalo y la tormenta disminuyen, los reflectores estarán en los próximos días sobre el ministerio de Vivienda y la reconstrucción que Susana Correa y el mitómano Iván Duque prometieron en 100 días que sobrepasaron incluso el tiempo de su periodo en el poder con casas de 600 millones y materiales extraños. La mentira revictimizante contra los afectados de San Andrés deberá subsanarse en un tiempo límite, antes de que el veneno de una oposición caradura intente usar su mismo desastre como otra carta de ataque y destrucción.

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