El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Tiempo de carroñeros

Juan David Ochoa

23 de abril de 2021 - 10:00 p. m.

La presentación oficial de la reforma tributaria empieza a derrumbarse tras las bambalinas del poder. Los partidos han empezado a jugar sus cartas ante el próximo año electoral y ante la salida inminente de un Gobierno deslegitimado bajo todas las luces del desastre. Las banderas del lobby interno y los cuadres de los presidentes de los partidos han empezado a ajustar su maquillaje ante la opinión pública, y frente al escenario de una sanción social colectiva deben mostrarse ahora justos y empáticos, aunque en los días de la elección presidencial que puso a Iván Duque a improvisar en el trono, con todas las consecuencias evidentes del juego, no disimularon la traición a sus juramentos partidistas.

PUBLICIDAD

No tiene nada de que sorprenderse el presidente del Partido Liberal, César Gaviria, si conocía perfectamente bien los pactos entre las élites de la evasión fiscal y el uribismo para ajustar, hasta donde pudiera lograrse, la caja de los bancos y las grandes empresas, aunque se murieran todos los demás de hambre en la marginación de la economía derrumbada. Lo sabía muy bien, mucho antes de la reelección de esos nuevos nombres frescos bajo el mismo poder con claras tendencias fascistas, pero ahora debe actuar de nuevo y compungir el rostro y atenuar su delgada voz dramática para atacar, con mano teatral en la frente, las intenciones del ministro Carrasquilla y su atentado contra la equidad de un país al borde del colapso. Gaviria ha dado instrucciones al interior de su bancada para votar en contra de la reforma, y así lo ha hecho también el Partido de la U, siempre inclinado a las mejores ofertas, el partido cristiano Colombia Justa Libres, facciones del Partido Conservador y muy estratégicamente, el partido Cambio Radical bajo la batuta del pro hombre con ego colérico y radioactivo, Germán Vargas Lleras, quien ha dado instrucciones claras en la reciente reunión con sus filas para negarse radicalmente a respaldar la reforma y asegurar el pulso fortalecido que necesita para sus próximas alianzas y sus últimas inversiones en el trono merecido por su apellido sacramental.

Iván Duque, que sigue sin saber muy bien las razones de su cargo, sigue evitando las preguntas puntuales sobre la catástrofe social que está a punto de crear, y sin saber tampoco los trasfondos de la negociación entre bancadas que se venden por botines abultados, deberá esperar los resultados de las reuniones secretas que ha empezado a hacer, desesperado, el ministro de Hacienda entre pasillos y despachos para salvar las arcas de sus financistas. Todo parece derrumbarse entre los cálculos internos de un Congreso de carroñeros, puñaladas nocturnas y pactos personales. Y nada puede definirse hasta el último instante en que la votación general fulmine o reafirme, otra vez, las altas ambiciones de los potentados que siguen financiando en la sombra sus garantías para respirar y seguir aquí, sin las obligaciones que todos los demás deben cumplir contra su dignidad y su supervivencia.

Posdata. En tiempos de podcasts, se ha lanzado la segunda temporada de Río revuelto en Spotify. Un proyecto de Hoja de Ruta Ediciones que visibiliza la trascendencia de la literatura infantil y juvenil con invitadas de alta trayectoria en el género. Los episodios atraviesan los contextos de un mundo que alcanza todas las fibras de lo humano, y las dimensiones insospechadas de la imaginación. Una ruta para olvidar, en pocos minutos, la salvaje y ridícula seguridad de la adultez.

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.