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Zuluaga: el distractor

Juan David Ochoa

27 de noviembre de 2021 - 12:00 a. m.

Óscar Iván Zuluaga ha sido elegido en la consulta interna del Centro Democrático; no importó demasiado que, seis años atrás, haya sido el candidato fulminado por una prueba reina que lo dejaba ver coordinando infiltraciones a la mesa de La Habana con el hacker Sepúlveda, a quien la ley condenó sin posibilidades al error. Entre el escándalo lo silenciaron temporalmente y postergaron su nombre hasta que la amnesia y la impunidad hicieran lo suyo sin los ruidos molestos del desprestigio. Ahora ha vuelto a ser ungido para las próximas elecciones, y será la carta oficial del partido desde los principios evangélicos de la secta.

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Las cartas alternativas de Uribe Vélez están, por supuesto, en el espectro abierto de la política sin el estigma de su radicalismo y su partido. Es la estrategia que debe dirigir ahora que todos los indicadores están en su contra y los escándalos lo gobiernan sobre las mismas intenciones de sus funcionarios para actuar contra el desastre. Por urgencia y por obligación debe ampliar las posibilidades del juego desde otras unciones y otros bautizos secretos. Pero el misterio no es tan hondo ni tan profundo, y los nombres de esas estrategias son tan evidentes como sus palabras ante el brillo de las cámaras. Federico Gutiérrez, que se hace llamar con ese diminutivo similar a un alias: Fico, no puede disimular el adoctrinamiento de esa táctica del miedo a los fantasmas que ya no están. Sigue repitiendo las amenazas de un monstruo que acecha en las selvas, entre la niebla y los campos de concentración, con armas enlistadas a próximos ataques nocturnos. Una interpretación noventera de la realidad que solo repiten los adeptos mecánicos del prohombre de la guerra eterna y autodestructiva. También ha repetido sin parar los dogmas estratégicos del pánico insistentemente creado para destruir la imagen del candidato de izquierda que los tiene en serios aprietos. Le temen a ese sisma drástico en sus estructuras montadas en el poder desde un Estado acostumbrado a sus designios, y los restantes se han organizado también desde otros bloques del miedo.

En otra foto ha aparecido el grupo de políticos aliados que dicen representar la renovación: David Barguil, Dilian Francisca Toro, Enrique Peñalosa, etc. Dicen que ha llegado el momento de la administración con experiencia, ante las urgencias de un país que espera el cambio profundo desde siempre, y sonríen con el gesto de la empatía que no ha sido precisamente la cualidad de sus gobiernos en los departamentos que han protagonizado, con la misma tradición clientelista que los hizo conocer. En los próximos meses, todos los que han aparecido en grupos alternos de alianzas se unificarán para contrarrestar a su némesis, y no tendrán más alternativas que maquillar los discursos que la derecha ha traicionado por la naturaleza obvia de sus intereses, sin remedio y sin posibilidades a la alteración.

Óscar Iván Zuluaga quedará relegado, tal vez, por el candidato que mejor sonría y tenga el aura distante a la oficialidad del gobierno desastroso que termina. Federico Gutiérrez no solo sabe actuar y sonreír con pose de candidato de barriadas: tiene el discurso que el señor del evangelio necesita ahora para convencer, desde otro ángulo, del colapso.

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