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Atalaya

Arte y política II

Juan David Zuloaga D.
03 de octubre de 2024 - 05:00 a. m.
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El arte, desde antiguo, se ha erigido como reducto para la evasión, como refugio para los corazones y como tribuna para la rebeldía.

De allí esa relación tensa que siempre han mostrado las artes y la política. Recordemos que ya en el siglo V a. C., en su tratado sobre la recta constitución de la polis, expulsa Platón a los poetas de la ciudad por no considerar sus libros aptos para la formación de los ciudadanos. Los gobiernos han solido obrar en consecuencia con aquellos designios de la filosofía política que pretenden enseñar la forma de perpetuar el poder. Y cuando han entrevisto algún riesgo o cuestionamientos que hacían tambalear sus cimientos no han dudado en expulsar de sus dominios a pensadores y a artistas. Son muy recordadas las purgas de intelectuales en los regímenes totalitarios, donde sufrieron torturas y perecieron muchas de las mejores almas de tantas naciones. Tampoco Colombia ha sido ajena a esta práctica indigna y lamentable, y la lista de exiliados va desde Jorge Zalamea hasta Gabriel García Márquez, pasando por Seki Sano y Marta Traba.

En ocasiones suelen algunas personas plegarse a los dictámenes del poder de turno, pero hay también artistas que, convencidos de su vocación y de su destino, aceptan con entereza el ostracismo o aun la muerte antes que las vulgaridades estéticas y las ideologías superficiales y baratas de burócratas discutibles. Cuántos intelectuales y escritores rusos no fueron a morir a las frías y remotas estepas siberianas por no ceñirse a la ortodoxia que decretaba el gobierno de turno. Cuántos intelectuales y artistas no vieron envilecida su existencia entera en los campos de concentración del régimen nacionalsocialista por su obra, su inclinación sexual o su tendencia política. Alexander Solzhenitzyn pasó ocho años en los gulags por sus críticas al régimen, y su obra (Un día en la vida de Iván Denísovich, Archipiélago Gulag…) es un testimonio notable y doloroso de la realidad que vivían los prisioneros políticos del régimen soviético. Primo Levi estuvo recluido once meses en Auschwitz, hasta su liberación por parte del Ejército Rojo. Años después publicaría un testimonio, terrible y descarnado, sobre su encierro en los campos de concentración nazis: Si esto es un hombre, La tregua, Los hundidos y los salvados

El régimen nazi calificó como arte degenerado todas aquellas expresiones y todos aquellos logros artísticos que las vanguardias produjeron en el primer tercio del siglo, y condenaron a la hoguera muchas obras y al exilio a muchos autores. Del otro lado del espectro político el proceder no fue distinto y anularon expresiones valiosas que las vanguardias soviéticas habían ideado desde los albores del siglo XX. Trajo esto como consecuencia un arte estereotipado, producido dentro de los estándares que ordenaba el establecimiento; un arte mediocre que reñía con la ebullición de las vanguardias y que anulaba toda la expresión del espíritu y de la individualidad del artista.

@D_Zuloaga

juandavidzuloaga@yahoo.com

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Franz(62252)05 de octubre de 2024 - 02:31 p. m.
"El arte, desde antiguo...", no era arte. Esa noción estética y estetizante de "arte" surge con el individualismo del espíritu burgués en la Baja Edad Media, y sólo para una parte de la futura Europa. No son los ideales liberales clásicos los que comandan la producción en la actualidad, sino el ordoliberalismo, que fue reseñado por el análisis del posmodernismo de F. Jameson, o la modernidad líquida de Bauman. El arte como autocrítica, en el capitalismo digital, es otra mercancía desechable.
Polux(cfjyh)04 de octubre de 2024 - 04:32 a. m.
La época de buen arte por la tragedia política, ya pasó, no hay verdaderas dictaduras, porque hasta la ideología se vende, y todo se ha minimizado al comercio. Los gobiernos corporativos están a las puertas, y lo que hoy se llama "arte", no tiene alma.
William(41808)03 de octubre de 2024 - 02:55 p. m.
El mortífero y nefasto y cuasi vitalicio régimen conservador colombiano no solo se valió de esa práctica indigna y lamentable de eliminar o exiliar artistas e intelectuales, sino que sigue usándola: El fotógrafo Abad Colorado, quien más ha retratado el conflicto armado, es muestra fehaciente de ello, que aunque no lo eliminaron, sí a sus libros, recogiéndolos de las librerías para que no lleguen a manos del público y se sepa la verdad.
Gines(86371)03 de octubre de 2024 - 12:24 p. m.
1) Trilogía de Auschwitz de Primo Levi, así como los “Relatos de Kolimá” de Varlam Shalámov, son los testimonios más sobrecogedores de los campos de concentración nazis y siberianos respectivamente, sin excluir el de Solzhenitsin por supuesto. A Sócrates le atribuyeron el haber dicho: “Los dioses me han puesto sobre la ciudad, como tábano sobre un caballo, para mantenerla despierta” y ya sabemos el colofón de esta historia.
Gines(86371)03 de octubre de 2024 - 12:23 p. m.
2) En “El discurso valiente” (parresía), del que nos habla Foucault, lo relevante no es la verdad del discurso, sino el compromiso del sujeto con dicha verdad, y nos ofrece el ejemplo del “filósofo que se dirige a un soberano, a un tirano, y le dice que su tiranía es molesta y desagradable, porque la tiranía es incompatible con la justicia”. Se requiere pues, por parte de quien habla la creencia en la verdad de lo que expresa, a un riesgo político (el exilio, la muerte, el castigo).
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