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Atalaya

Crónica de una renovación del pase

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Juan David Zuloaga D.
13 de julio de 2023 - 02:05 a. m.
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Gracias a una medida del Ministerio de Transporte, cerca de cinco millones de ciudadanos debían renovar su licencia de conducción en todo el país antes del 20 de junio.

Primero hay que ir a la Ventanilla Única de Servicios (su nombre lo dice todo). La oficina está cerrada y abre veinte o treinta minutos después de lo que estipula su horario de atención. Piden la cédula de quien pretende hacer el trámite. Lo hacen esperar en la sala. Cobran el valor de la renovación del pase. Lo envían a otra ventanilla donde le anuncian que debe hacerse un examen médico, de modo que hay que volver a hacer la fila para que devuelvan el dinero de un pase que todavía no puede renovarse.

Debe dirigirse a otra oficina. Hay que entrar a un salón de paredes sucias y luz mortecina que no tiene ventanas. A quien debe renovar el pase lo van atendiendo en orden de llegada. Tras diligenciar el formulario, el burócrata de turno mete la información en el sistema. El formulario no carga en el sistema. Debe, tras una larga espera, repetirse el procedimiento. Cobran el valor de los exámenes (“solo pago en efectivo”, por favor). Hay que esperar horas a que se vayan desocupando las salas de los exámenes en los que se evalúan las aptitudes físicas y psíquicas del conductor. Se hace un examen de audiometría y luego un examen de optometría. Luego se debe pasar a verificar las huellas dactilares en unos sensores que, por supuesto, leen con mucha dificultad las huellas o no las leen en absoluto. Hay personas a las que, como si le faltara trámite a la maldita diligencia, las envían a validar las huellas porque no aparecen registradas. Ignoro en dónde debe hacerse este registro, pero supone un trámite adicional en una oficina distinta. Tras someter al ciudadano a este trato indigno, lleno de esperas interminables y de pésima atención, que agota la paciencia y la tranquilidad de cualquiera, invitan a quien pretende renovar la licencia a someterse al examen psicológico.

A estas alturas, los turnos asignados para atención de los ciudadanos, explican en la oficina, se han agotado, de modo que es necesario volver al día siguiente para continuar con los exámenes médicos. Exámenes de reflejos, motricidad y medicina general completan las pruebas. Por favor llegue a las seis de la mañana o antes, explican, porque desde esa hora ya hay fila para los exámenes médicos y puede ser que se agoten los turnos y tenga que volver al día siguiente. Horas después, los exámenes terminan.

Debe volver a hacer la fila en la Ventanilla Única de Servicios, en donde abren siempre con retraso. Vuelven a pedir la cédula y a pedir el dinero; “solo pago en efectivo” también en esta oficina. No deja de causar cierta consternación, y hasta cierta justificada sospecha, que en una oficina del Estado que atiende a miles de ciudadanos por hora solo se acepten pagos en efectivo y que no sea posible financiar la licencia de conducción con cuotas de crédito para muchas personas que dependen de la licencia para el desarrollo de su trabajo.

Tras días de hacer filas, trámites y de esperas sin fin, se puede renovar la licencia en Colombia. Resulta claro que el Estado no está preparado para renovar las licencias de más de cuatro millones de personas que tienen que hacerlo en virtud del decreto del Ministerio. Con todo, si el proceso, tortuoso y ofensivo para el ciudadano, sirviera para agilizar el tránsito en las calles o para sacar de circulación a tanto desadaptado con pase, el decreto sería bienvenido, pero no es el caso.

@D_Zuloaga

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