Parecía que el problema de la violencia en los estadios de Colombia era un asunto del pasado, pero hechos ocurridos en distintas plazas del país vinieron a recordarnos que ella todavía está presente en muchas manifestaciones de la vida nacional; hasta en el deporte.
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Hace unas semanas un hincha del Tolima entró al campo de juego y agredió a Daniel Cataño antes del inicio del partido entre Tolima y Millonarios en Ibagué. A la salida del estadio —de un partido que se canceló por este hecho violento— el bus del equipo bogotano fue atacado con piedras por los hinchas del Tolima y una de las piedras golpeó al defensor central Juan Pablo Vargas en la espalda. Días después esa misma hinchada atacó el bus del Junior de Barranquilla de camino al estadio Manuel Murillo Toro. El domingo pasado el partido entre Atlético Nacional y América de Cali debió suspenderse porque hinchas del Nacional, de la barra Los de sur, ingresaron al terreno de juego y atacaron a los policías que velaban por la seguridad. El resultado fue lamentable: treinta miembros de la fuerza pública y cerca de cincuenta hinchas resultaron heridos, según las declaraciones y el balance del alcalde encargado de Medellín, Óscar Hurtado.
El presidente del Atlético Nacional, Mauricio Navarro, tuvo que salir en los medios a dar explicaciones. Palabras más, palabras menos decía que el club no podía seguir aceptando las exigencias económicas de Los del sur, traducidas en entradas gratis para la barra, compra de material para el apoyo del equipo durante los partidos y una compensación económica por salvaguardar la seguridad de la hinchada visitante.
Pareciera que la intención fue buena —regalar entradas y material para que los hinchas apoyaran al equipo—, pero, desafortunadamente, el resultado impugna la idoneidad del programa. Preocupa, además, que la seguridad de los asistentes al estadio recaiga en una hinchada. Y surgen entonces algunos interrogantes: ¿por qué ellos tenían que defender a las hinchadas visitantes? ¿Defenderlas de quién? ¿Se trataba de un chantaje o de una extorsión de Los del sur a los dueños y dirigentes de Atlético Nacional?
Las declaraciones del presidente del equipo permiten inferir que, en este caso, los directivos se dejaron tomar ventaja de un problema que ya era público (y antiguo). Basta recordar que los hinchas de esa misma barra invadieron el terreno de juego cuando Millonarios se coronó campeón de la Superliga en el año 2018 para intimidar e insultar a los jugadores visitantes y recuérdese también que no les permitieron dar la vuelta olímpica.
Esperemos que las medidas de la Dimayor sean definitivas y ejemplares para que se le empiece a poner freno a la violencia en el fútbol, que, no debemos olvidar, es y debe ser un juego.