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El dilema Haussmann

Juan David Zuloaga D.

16 de agosto de 2023 - 09:05 p. m.

Muchas veces nos maravillamos recorriendo algunas ciudades de nuestros días, frente a la monumentalidad de los edificios gubernamentales o la amplitud y la belleza de sus andenes y de sus alamedas, frente a la disposición correcta y armónica de plazas o de conjuntos arquitectónicos. Y echamos de menos en Colombia la capacidad de desarrollar esos grandes proyectos y de ejecutarlos en plazos razonables (que no excedan una generación, digamos). Caminando las ciudades del país constatamos que avanzan con lentitud las obras públicas, tanto en su concepción como en su ejecución.

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Ocurre que la construcción de estas obras públicas (y muchas de las privadas) suele ser resultado de una reedificación que se hace con violencia sobre lo existente. Constituye una especie de reescritura que, como en un palimpsesto, borra el texto anterior para imprimir el mensaje nuevo. Reescritura que en ocasiones mejora el texto primigenio y otras lo degrada y lo envilece.

Ejemplo arquetípico de este modelo de urbanismo lo encontramos en la París de Haussmann, cuyo objetivo principal —según la tesis a la que vuelve una y otra vez Walter Benjamin en su Libro de los pasajes— fue el de evitar la guerra civil e impedir o al menos dificultar la construcción de barricadas en las calles de París. Pero esta nueva ciudad que se desprendió de aquella noción de urbanismo no se hizo —como pretende hoy todo proyecto político que se precie de ser democrático— a través del consenso y del diálogo con la ciudadanía, sino según las disposiciones requeridas para lograr el fin deseado, y en este caso dispuesto desde la cima del poder por Napoleón III. «Hugo y Merimée dan a entender hasta qué punto las transformaciones de Haussmann les parecían a los parisinos un monumento del despotismo napoleónico», propone Benjamin.

Pasados los años el transeúnte, y aún el habitante de París, aprecia la belleza de lo construido, e ignora o acalla el dolor que subyace bajo lo edificado. De nuevo la denuncia benjaminiana del progreso; recuerde el lector sus tesis sobre la filosofía de la historia. Este es el dilema al que se enfrentan los gobernantes que pretenden o procuran grandes transformaciones para su ciudad. A veces los reparos suelen ser menores, otras llegan al punto de frenar proyectos que traerían transformaciones importantes y progreso para todos. En cualquier caso, la rapidez de proyección y de ejecución de las obras depende, muchas veces, del grado de discusión que se entable con la ciudadanía. Sobre la base de ese equilibrio avanza el ritmo de las ciudades en nuestro tiempo.

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