La semana pasada murió Martin Amis a sus 73 años, dejando tras de sí una veintena de libros históricos y de ficción. Hijo del también novelista Kingsley Amis, perteneció a la generación de escritores británicos que completan Christopher Hitchens, Salman Rushdie, Kazuo Ishiguro y Julian Barnes.
Muchos años de su vida dedicó Martin Amis al estudio de los regímenes totalitarios. Como resultado de esa investigación seria y rigurosa escribió La flecha del tiempo o la naturaleza de la ofensa, La casa de los encuentros, La zona de interés y Koba el Temible: la risa y los veinte millones, una de las mejores o quizá la mejor biografía que haya leído.
El título Koba el Temible alude a uno de los apodos de Joseph Stalin (otro de sus apodos, “hecho de acero”). El subtítulo “la risa o los veinte millones” se refiere al número de personas que, según cifras conservadoras, perdieron la vida a manos del régimen durante los años de mando de Stalin en la Unión Soviética. Sostiene Amis que leyó para la redacción de esta biografía, inquietante y despiadada, que no tiene concesiones con el lector, varios metros de libros sobre el experimento soviético. Y el resultado es un retrato brutal de esa era de frenesí, infamias y bajezas que fue el gobierno de Stalin en la URSS. Un régimen que deshumanizó la existencia, trastocó todas las esferas de la vida privada y familiar, desmoronó todos los estamentos de la sociedad y cooptó todas las fibras de la vida humana, hasta el acto de dormir: los soviéticos precisaban ver las horas del alba para conciliar el sueño, pues la policía secreta actuaba sobre todo durante la noche.
El libro surgió como un intento por comprender por qué su padre se había afiliado al Partido Comunista en 1941 si tal vez sabía lo que estaba ocurriendo en el régimen y por qué no renegó de él sino en 1968, después de la Primavera de Praga. La primera respuesta que propone es desconcertante y hasta paradójica: había una excusa razonable, nos dice, para creer en la versión estalinista: “La versión auténtica —la verdad— era totalmente increíble”.
El autor logra mantener el ritmo y la tensión a lo largo de las 300 páginas del libro, pero el lector, anonadado y reticente, siente temor de pasar a la página siguiente porque cada nueva revelación es más macabra que la anterior y supera con creces la imaginación del lector más fantasioso y malvado o la perfidia de un dios protervo.
Basta asomarse a la primera página para comprender lo descarnado que resultará el relato. Se trata de la segunda frase de La cosecha del dolor (The Harvest of Sorrow), libro del historiador Robert Conquest: “‘Quizá podríamos poner en su justa perspectiva el presente caso diciendo que se perdieron veinte vidas, no por cada palabra, sino por cada letra que hay en este libro’. Esta frase representa 2.700 vidas. El libro tiene 411 páginas”.
La biografía como documento histórico es admirable y le enseña mucho al lector sobre la naturaleza del poder y los procedimientos de los regímenes totalitarios, pero el libro, advierto, se debe leer anestesiado para poder tolerar este retrato de lo siniestro y lo temible.