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11 Aug 2022 - 5:00 a. m.

El sentido del cambio

Atalaya

El país no cambió porque Gustavo Petro sea presidente de Colombia, sino que Gustavo Petro es presidente de Colombia porque el país cambió.

Hace unas décadas ninguna mujer ocupaba cargos públicos y tampoco podían acceder a la universidad. Hoy una mujer ocupa la Vicepresidencia de la República de Colombia, Francia Márquez, y otra mujer ocupa la primera magistratura de la capital, Claudia López. La alcaldesa proviene de una clase socioeconómica baja y es homosexual. La vicepresidente de Colombia es afrodescendiente, proviene de una clase socioeconómica baja y fue empleada doméstica. El presidente de los colombianos y máximo dirigente de la Fuerzas Armadas es un exguerrillero que dejó las armas en el proceso de paz entre el Estado colombiano y el M-19.

El cambio es profundo, pero el gobierno que terminó no se percató de la transformación que se había operado en la sociedad y en el país que ellos pretendieron dirigir. Por eso lo hicieron tan mal o por eso lo hicieron a medias. Tuvieron la oportunidad de profundizar un proceso de paz que trajera sosiego y prosperidad a los colombianos y prefirieron seguir transitando por la vía gastada de la guerra y de las armas: basta comparar el número de militares heridos y atendidos en los hospitales militares cuando Juan Manuel Santos terminó su mandato presidencial hace cuatro años con el número de militares heridos y en hospitales militares hoy, al término del mandato de Iván Duque.

Quienes apoyaron a Iván Duque ponderaron siempre su juventud. Y sin embargo no hizo sino gobernar con maneras arcaicas y con los vicios políticos de siempre, con las preocupaciones y los temas de antaño. Ni siquiera puso sobre la mesa el tema de la legalización de las drogas, que hubiera podido ser sustento y salida de muchas familias y campesinos golpeados por la pandemia. Durante cuatro años se vio la política de siempre con los políticos de siempre (o peores que los de siempre), desoyendo en todo momento las voces y los reclamos de esos jóvenes que él decía representar.

Gustavo Petro, en su discurso de posesión, habló de la “paz total”; prometió cumplir con el Acuerdo de Paz firmados con la guerrilla de las Farc y dijo que seguiría todas las recomendaciones de la Comisión de la Verdad. Tras el anuncio del presidente electo en su discurso, el Eln, las Autodefensas Gaitanistas de Colombia y las disidencias de las FARC manifestaron su interés en firmar la paz.

Esperemos que esa “paz total” permita a los colombianos no sólo volver a las fincas, como ocurrió hace unos años con los colombianos que tenían finca, sino que permita a todos los ciudadanos viajar por Colombia, que es hermosa y es grande; que les permita trabajar en paz, crear empresa, generar empleos, sin temor a que grupos subversivos organizados, o la llamada delincuencia común, les arrebaten sus posesiones o sus vidas. Y que brinde oportunidades económicas y laborales a los jóvenes de las ciudades y del campo. Ese es o podría ser el sentido del cambio.

@los_atalayas

Atalaya.espectador@gmail.com

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