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El tiempo no político

Juan David Zuloaga D.

03 de noviembre de 2022 - 12:01 a. m.

Habla Stefan Zweig en El mundo de ayer de un ‘tiempo no político’ que caracterizó a la Viena de su infancia y de su juventud y que propició un ambiente ideal para que germinaran las artes en las primeras décadas del siglo XX: «Esta descripción, cabalmente ajustada a la verdad, de nuestra premadurez literaria, podría tal vez inducir a la idea de que la nuestra fue una clase maravillosa y excepcional. Pero no lo era en absoluto. En una docena de escuelas vecinas podía observarse en aquel tiempo en Viena el mismo fenómeno de idéntico fanatismo e igual aptitud prematura. Esto no podía ser obra de la casualidad. Fue una atmósfera singularmente afortunada, condicionada por el humus artístico de la ciudad, el tiempo no político, la constelación pujante de la nueva orientación espiritual y literaria de la vuelta del siglo, que en nosotros se alió químicamente a la voluntad inmanente de producir que en verdad caracteriza, casi obligadamente, a esa altura de la vida».

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Resulta evidente que ese tiempo no político terminó, casi de un tajo, pudiera decirse, con el ascenso del Nacionalsocialismo al poder en 1933. Quizás una de las características de este régimen político –y de otros que a la sazón comenzaron a imperar en Europa y otras partes del mundo– fue, precisamente, la politización de la vida: casi todas las actividades de la vida diaria estuvieron mediadas por las directrices del Partido Nacionalsocialista.

Y traigo esto a colación porque siento que desde hace meses (¿años?) la vida nacional se ha politizado en demasía; en demasía si podemos establecer grados de politización de la vida pública. Y esta es la tesis. Vivir en comunidad implica siempre, por supuesto, que la vida esté politizada, pero la cuestión es que en ciertos momentos históricos y en ciertos países todas las actividades comienzan a mirarse a través del filtro único de la política. Y eso parece preocupante.

Contra ese fenómeno suele haber dos antídotos en los países: el fútbol (o algún deporte de masas que predomine en este o aquel país) y las artes. Aunque cuando la vida política comienza a politizarse también ciertos regímenes políticos saben instrumentalizar los deportes y las artes.

Sea como fuere, parece que se politizó mucho la vida en el país. Hay una como crispación en el ambiente que nos hace reaccionar con inmediatez y con furia frente a todo lo que ocurre o puede ocurrir.

La semana pasada terminaron en Bogotá el Festival de Cine y las ferias de arte (Artbo y Barcú), eventos que además de fomentar la cultura y las artes nos dan un respiro frente a la vida politizada que hostiga y comienza a asfixiar. Y estos eventos en los tiempos que corren resultan fundamentales, porque tal vez en las artes encontremos los prismas necesarios para mirar con otros colores la vida en sociedad.

@D_Zuloaga

Atalaya.espectador@gmail.com

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